- Por Pino Pellegrino /
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El avance de la comunicación digital (es decir: el avance de los móviles, las tabletas, los smartphones…) es imparable. A estas alturas, la invasión digital es un hecho. Para nuestros hijos, ¡una vida sin esos dispositivos electrónicos no es vida! Estamos en la era de la «generación táctil»: pequeños expertos en manejar todo tipo de teclados, pero incapaces de usar unas tijeras incluso a los diez años cumplidos.
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La idea de los padres conformistas que piensan que es anticuado situarse por encima de los hijos se ha infiltrado por todas partes. Cuando el buen Dios decidió crear al padre, empezó con una estructura bastante alta y robusta. Entonces, un ángel que estaba cerca le preguntó: “¿Pero qué clase de padre es este? Si vas a hacer a los niños tan pequeños como una moneda de queso, ¿por qué has hecho al padre tan grande? ¡No podrá jugar a las canicas sin arrodillarse, arropar a su hijo sin agacharse y ni siquiera besarlo sin casi doblarse por la mitad!”. Dios sonrió y respondió: “Es cierto, pero si lo hago tan pequeño como un niño, los niños no tendrán a nadie a quien mirar con admiración”.
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¡El poder de las palabras es enorme! Decir una palabra es, de hecho, transmitir un pensamiento, un sentimiento, un valor. ¡Por eso la palabra es la alimentación psicológica más rica!
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Una verdad sencilla y profunda: la vida se construye con dos palabras pequeñas, “sí” y “no”. Ambas son necesarias, pero los “sí” deben prevalecer. Los “no” marcan límites, mientras que los “sí” abren caminos y hacen crecer. La verdadera educación, la de los padres que van a contracorriente, es siempre positiva: una sonrisa enseña más que un reproche. Como al enseñar a andar en bicicleta, es mejor decir: “¡Mira hacia adelante!” que “¡Cuidado, no te caigas!”.
- Por Pino Pellegrino /
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Un niño estaba dibujando y la maestra le preguntó:
—Es un dibujo interesante. ¿Qué representa?
—Es un retrato de Dios.
—Pero nadie sabe cómo es Dios.
—Cuando termine el dibujo lo sabrán todos.
Los niños saben cómo es Dios. La verdadera pregunta es: ¿cuánto tiempo nos toma hacer que lo olviden?
Hoy, muchos padres no hablan explícitamente de Dios con sus hijos por miedo a parecer extraños. Pero, más que extraños, son inconscientes. No saben lo que están perdiendo.
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Don Bosco, como educador, era un «buscador» y un «promotor» de la felicidad para sus jóvenes. Los padres también deben enseñar a sus hijos a disfrutar de la alegría de vivir. Pero, ¿qué es lo que realmente hace feliz a un niño?
- Por Pino Pellegrino /
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Vivimos acelerados. Comemos, trabajamos y educamos con apuro, atrapados en la “filosofía del acelerador”. Esta urgencia constante, más allá de robarnos el gusto por lo esencial, ha comenzado a dañar profundamente nuestra forma de educar.