A los padres les corresponde moldear, dar forma, estimular el nacimiento de la inteligencia, de la creatividad, de la personalidad. Su tarea es muy similar a la de un escultor, un pintor, un músico. El niño es, en gran medida, su "composición", para la que se necesita tanto talento como el que puede necesitar un artista para realizar una creación. Y, tal vez, ¡más!".El psicólogo estadounidense John Powell afirma: “En algunos casos puede parecer aterrador, pero nuestro destino está en manos de nuestros padres. ¡Somos, todos nosotros, producto de quienes nos amaron o de quienes se negaron a amarnos!”.

Reflexiones sobre el equilibrio entre protección y autonomía en el crecimiento de los hijosLa segunda enfermedad de la educación que consideramos es la sobreprotección.

En la playa, dos madres están sentadas en sillas a la orilla de la playa charlando mientras vigilan a sus hijos. Un niño se acerca a su madre: "Mamá, hace calor. ¿Puedo quitarme la camiseta?" "¡No! ¡Te puedes resfriar!". Después de un momento el niño vuelve a preguntar: "Mamá, ¿puedo jugar con la arena?" "¿Estás loco? Te ensuciaras todo". Al minuto siguiente pregunta: "Mamá, ¿puedo entrar al agua?" "¡Ni hablar! Está llena de bacterias". Un poco más tarde: "Mamá, ¿puedo ver a esos chicos jugar al voleibol?". "No, ¿y si te dan un pelotazo?". Estupefacto, el niño se sienta al lado de su madre, que resopla y le dice a la madre de al lado: "¿Ves eso? Es un niño terrible".

El tirano adulto se encuentra en una dinámica de placer como un niño que se ha olvidado de crecer.La enfermedad que aplasta el crecimiento de los niños


La 'hijitis' representa una problemática paterna donde los padres no logran cortar el cordón umbilical. El pediatra Marcello Bernardi ofrece una descripción precisa: "Los padres con 'hijitis' aspiran a ser más que los cimientos de sus hijos; quieren ser todo, desde la base hasta el último azulejo. Anhelan ser padres eternos, siempre en servicio. Controlan todo: la alimentación, vestimenta, amistades, juegos, educación y conducta. Aunque las consecuencias de esta actitud no sean inmediatas, suelen manifestarse en la adolescencia. ¿Cómo enfrentará la vida un niño que nunca aprendió a vivir por sí mismo? ¿Si siempre otros han decidido por él?"

a forma más fácil de enseñar a los niños a rezar es que te vean rezar, para que comprendan que Dios es importante para ellosA mis niños les preguntaba en catequesis: "¿Saben por qué quiero enseñarles a rezar? ¿Por qué les doy todos estos libros sobre la Biblia e insisto en que los lean?". La respuesta de una niña de once años llegó, desenfadada, sin pensárselo mucho: "Porque nos quieres y quieres que tengamos una vida feliz".

Un buen kit para la vida debe estar constituido por algunas "competencias" interiores precisas, que hay que promover y cultivar con proyectos educativos adecuados desde los primeros años.Desde que la Organización Mundial de la Salud las presentó, las Habilidades para la Vida se han hecho famosas. Es una forma concreta de responder a la pregunta: ¿qué cualidades hay que educar para educar a un ser humano pleno y feliz?

La buena comunicación es un fruto magnifico, pero para tenerlo hace falta el esfuerzo y la paciencia del buen cultivadorEl conocido experto en comunicación Jacques Salomé, en su libro "Hablar, entender, comunicar: Vademécum para aprender a dialogar en familia" (Elledici), compara la comunicación familiar con un huerto.

Ser compasivo significa abandonar las diferencias y distincionesLos padres siempre tienen la tentación de comparar a sus hijos con los de los demás, y sus hijos entre ellos.

«¡Mi hijo es mucho más inteligente que ese!», «En la escuela, mi hija les saca ventaja a todos...», «Mi hijo es muy bueno en todo...». Algunos padres sobreestiman a sus hijos y les ejercen una enorme presión, con el riesgo de que cada fracaso se viva como un drama. Otros se dedican a las comparaciones degradantes ("Tu hermana nadaba mejor a tu edad"), que solo sirven para desanimar. Positivas o negativas, las comparaciones impiden que el niño construya una identidad sana. Los niños ya están tentados por sí mismos a compararse con los demás y definirse en relación con los hermanos y compañeros, porque también ellos viven en este mundo enfermos de un espíritu de competencia cada vez más exagerado e invasivo.