samaritanoDeseo invitar a cada uno, según su puesto y responsabilidades, a realizar gestos de fraternidad con los que se encuentran en un estado de sometimiento. Preguntémonos, tanto comunitaria como personalmente, cómo nos sentimos interpelados cuando encontramos o tratamos en la vida cotidiana con víctimas de la trata de personas, o cuando tenemos que elegir productos que con probabilidad podrían haber sido realizados mediante la explotación de otras personas. Algunos hacen la vista gorda, ya sea por indiferencia, o porque se desentienden de las preocupaciones diarias, o por razones económicas. 

 

Otros, sin embargo, optan por hacer algo positivo, participando en asociaciones civiles o haciendo pequeños gestos cotidianos –que son tan valiosos– , como decir una palabra, un saludo, un «buenos días» o una sonrisa, que no nos cuestan nada, pero que pueden dar esperanza, abrir caminos, cambiar la vida de una persona que vive en la invisibilidad, e incluso cambiar nuestras vidas en relación con esta realidad.

Debemos reconocer que estamos frente a un fenómeno mundial que sobrepasa las competencias de una sola comunidad o nación. Para derrotarlo, se necesita una movilización de una dimensión comparable a la del mismo fenómeno. Por esta razón, hago un llamamiento urgente a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, y a todos los que, de lejos o de cerca, incluso en los más altos niveles de las instituciones, son testigos del flagelo de la esclavitud contemporánea, para que no sean cómplices de este mal, para que no aparten los ojos del sufrimiento de sus hermanos y hermanas en humanidad, privados de libertad y dignidad, sino que tengan el valor de tocar la carne sufriente de Cristoque se hace visible a través de los numerosos rostros de los que él mismo llama “mis hermanos más pequeños”.

 

desafiosEl desafío de la fidelidad en el amor conyugal. La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el stress de una ansiedad que descuida la reflexión serena. Se asiste así a no pocas crisis matrimoniales, que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana.

lucesLa luz que resplandece al atardecer detrás de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y aún en viviendas muy precarias brilla y calienta cuerpos y almas. 

Esta luz, en el compromiso nupcial de los cónyuges, se enciende con el encuentro: es un don, una gracia que se expresa cuando los dos rostros están frente a frente, en una ayuda adecuada, es decir semejante y recíproca. El amor del hombre y de la mujer nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don. Es lo que expresa de manera sugerente la mujer del Cantar de los Cantares: “Mi amado es mío y yo soy suya. Yo soy de mi amado y él es mío” (Ct 2, 17; 6, 3).

El itinerario, para que este encuentro sea auténtico, comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparación. Se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia. 

familiaNuestra historia familiar inició cuando nosotros, José Alfredo y Doris, decidimos casarnos con la bendición de Dios y de la Virgen Santísima en el sacramento del matrimonio.  Procreamos cuatro hijos: Doris, José Arturo, José Salvador y José Carlos. Hemos sembrando en ellos principios y valores cristianos, sociales, involucrándolos en las actividades parroquiales,.

A título de ejemplo, en la familia surgió la iniciativa de formar un grupo scout parroquial. Después de 25 años, este permanece activo y ha servido para fortalecer la amistad, la hermandad, el espíritu de servicio, la unión, la humildad y el compromiso. Tres hijos se han casado y llevan sus respectivas familias con responsabilidad cristiana. 

familiaEs de reconocer como una ganancia la creciente atención a la necesidad de cuidar la propia persona mediante el conocimiento de sí mismo, la sintonía con las propias emociones y sentimientos y el cultivo de relaciones afectivas de calidad.

El riesgo de esta atención por la propia persona es que se desborde de tal manera que se caiga en el individualismo, es decir, vivir en clave egoísta.

En este caso, el matrimonio y la familia pueden funcionar como antídoto para un desarrollo armónico de la afectividad, pues ayudan a crecer en la atención hacia el otro y en la dedicación al bienestar del cónyuge y de los hijos.

presentacionEl pasado mes de noviembre se celebró en Roma la primera fase del sínodo sobre la familia convocado por el papa Francisco. 

Acudieron a esa cita representantes de las conferencias episcopales de todo el mundo, más otros invitados, incluyendo varios matrimonios.

Este fue un sínodo con abundantes sorpresas. Toda la comunidad católica mundial fue invitada a reflexionar sobre el tema en base a un largo cuestionario enviado por el Vaticano. Luego, el papa promovió una discusión abierta y franca entre los miembros del sínodo, y abierta a todo el mundo gracias a una información abundante ofrecida a la prensa.

DSC 00007La familia hoy sigue siendo una institución fundamental para las personas y la sociedad. Como en todos los tiempos, es fuente de alegrías y esperanzas, pero se ve también sometida a fatigas, obstáculos, incomprensiones y sufrimientos.

No obstante las dificultades innegables por las que atraviesa, sigue siendo la familia una escuela de humanidad en sus alegrías y pruebas, y en los afectos profundos que cultiva.

En particular, la familia cristiana adquiere un enorme valor cuando se vive como vocación y misión. La Iglesia considera a la familia como sujeto imprescindible de evangelización.