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Santa María. “Como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no regresan allá sin haber regado la tierra, sin haberla fecundado y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan para comer, así será la Palabra que sale de mi boca: no regresará a mí vacía, sin haber realizado lo que deseo, sino que cumplirá mi encargo” (Is 55, 10-11).

Estando en Nicaragua, en estos días recién pasados, durante la Novena de María Auxiliadora, una periodista del diario LA PRENSA llegó para hacernos una entrevista sobre la Virgen.  “¿Qué es lo que la Iglesia mira en María?” – me preguntó.  A lo que intenté responder:

María es la tierra fecunda en la que la Palabra encuentra acogida, sitio, respuesta…  y entonces, produce fruto.  Por eso la Iglesia mira a María, por eso la Iglesia tiene necesidad de María.  Ella misma, la Iglesia es María.  En la Iglesia puede haber fecundidad sólo si la Iglesia misma se vuelve tierra santa para la Palabra. 

La Iglesia necesita hombres y mujeres que –como María- sean personas acogedoras, abiertas, disponibles para recibir la Palabra.  Debemos convertirnos en personas que, en la profundidad de la oración, de la fe, den espacio al crecimiento de la Palabra.  Éste es el mayor fruto de la Novena y de la devoción a la Santísima Virgen María.  Es lo que la Iglesia mira en María.

Esta es también mi convicción que espero, consciente e inconscientemente, a fuerza de decirla y compartirla, vaya calando en mi comportamiento.

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