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Por sus frutos los conocereís... “Por sus frutos los conoceréis” dice un pasaje bíblico trascendental para mí, pues fue el lema de mi primer grupo juvenil.

En mi mente quedó resonando aquella metáfora donde dar frutos no es suficiente, sino que hay que dar buenos frutos. En aquel momento lo tomé como un llamado personal de Dios, para darme al trabajo por los demás y lo disfruté mucho, sin embargo, desde que supe que sería madre intento ponerlo en práctica con mis hijos, a forma de darles un buen ejemplo, fortaleciendo sus valores y regalándoles buenos hábitos, que determinaran su vida futura, como buenos cristianos y honrados ciudadanos.

Una noche José Alejandro nos dijo a todos, “escuchen, es hora de rezar para ir a dormir” mi corazón saltó de emoción, pues vivo tratando de fomentarles una actitud cristiana y agradecida, pero mi alegría sería triplicada al escucharlo decir “Señor Jesús, gracias por un día más… bendice a los niños de la calle y a los que están en los hospitales”… terminando su oración con el Padre nuestro y el ave María. Lloré de felicidad, pues en ese momento supe que ningún esfuerzo como madre había sido en vano y conteniéndome le di un profundo abrazo, queriendo demostrarle cuan orgullosa estaba.

Al día siguiente mi esposo y yo nos preguntamos ¿cómo había aprendido esta oración?, sin tener aún alguna explicación. José Alejandro solo dice que así le gusta rezar y créanme, a mí me gusta más, pues me siento extremadamente satisfecha, saber que conoce a Dios, que quiere tener una relación personal con EL y algo sumamente importante para mí, que ha aprendido a pedir por los que tienen menos que él y que eso lo hace feliz.

Son estos pequeños grandes logros los que me hacen sentirme como ese árbol que poco a poco empieza a dar frutos y esperanzada de que sean buenos frutos. Es una dicha verlo crecer, verlo cada día hacerse ese hombrecito que Dios lo tiene destinado a ser. Y que así sea … que Dios bendiga a cada niño y niña del mundo.

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