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tmzaldañaveidmanSin duda alguna, la fe católica es el eje que fundamental, sostiene y acrecienta nuestra familia, puesto que  está cimentada en el sacramento del matrimonio.  

Desde ese momento, cuando Cristo consagró nuestra unión como esposos, comprendimos que sólo con Él podríamos llevar a cabo la misión de ser una familia cristiana, tratando de vivir la doctrina católica, que tantas veces nos opone a la corriente del mundo: cuidar la fidelidad y la apertura a la vida en el matrimonio; acudir con frecuencia a los sacramentos de la penitencia y la eucaristía para alimentar la gracia de Dios en nuestras vidas; luchar por vivir las virtudes—honestidad, laboriosidad, generosidad, etc.—que sabemos son ejemplo fundamental para educar a nuestros hijos; esforzarnos por buscar el equilibrio en la administración de los bienes materiales, tratando de evitar lo superfluo y cuidando lo que se tiene; escoger con cuidado el entretenimiento familiar, que no atente contra la moral cristiana; tener precaución y sobriedad en el uso de la tecnología que puede llevar a peligros insospechados; hablar continuamente con los hijos sobre los temas y situaciones que inundan el mundo para darles criterio recto en el ejercicio de su libertad; recordarnos continuamente de la presencia viva de Cristo, la Virgen María, los Angeles Custodios, la Comunión de los Santos, que nos asisten en todas las circunstancias que puedan suscitarse en nuestras vidas,  y enseñar a los hijos a acudir con confianza a estas ayudas celestiales; acompañarnos mutuamente en la oración diaria de la mañana, de la noche y a la hora de las comidas para ejercitar la piedad. Todo esto supone una lucha cotidiana, empezando el día con buenos propósitos y esforzándonos por alcanzarlos, aunque no siempre se logren.

sanmiguelhonduras2La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegría y el sufrimiento. Cuántos santos han experimentado la soledad. Cuántos creyentes son probados, también en nuestros días. por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora.

Las pruebas de la vida permiten comprender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cristo. Son también preludio de la alegría y la esperanza a la que conduce la fe: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (san Pablo).
Creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a él: presente entre nosotros, vence el poder del maligno.

La Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en Cristo como signo de la reconciliación definitiva con el Padre.

Papa Benedicto XVIPor la fe los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro. Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona.

Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte.

Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura, y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.

manosLa fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda.

La fe y la caridad se necesitan mutuamente. Ambas se apoyan para seguir su propio camino.

Muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido. Es el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo.

Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado. “Cada vez que lo hicieron con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron”.

La fe nos permite reconocer a Cristo. Su mismo amor nos impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida.

Sostenidos por la fe, miramos con esperanza nuestro compromiso en el mundo, aguardando unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia.