(ANS - Ciudad del Vaticano) - A un año de aquella fecha, el pontificado de Robert Prevost se presenta como fuertemente marcado por el tema de la paz, la diplomacia internacional y una misión pastoral orientada a las periferias del mundo. Este primer aniversario cierra doce meses intensos, marcados por viajes apostólicos, encuentros diplomáticos, intervenciones públicas y reformas en la Curia romana.
La elección de Robert Francis Prevost, primer papa estadounidense de la historia, había inaugurado una nueva fase en la vida de la Iglesia. Nacido en Chicago, pero profundamente vinculado al Perú, donde vivió más de veinte años como misionero y obispo, León XIV se presentó desde el primer momento como pontífice de la paz. En el discurso inaugural la palabra "paz" se repitió en múltiples ocasiones, anticipando lo que se convertiría en el hilo conductor del pontificado.
Durante el primer año, el papa multiplicó las apelaciones contra la guerra, denunciando la violencia de los conflictos contemporáneos e indicando en el diálogo el único camino posible. Paralelamente a los llamamientos públicos, el pontífice promovió una diplomacia discreta pero constante, definida por él mismo como un trabajo "entre bastidores", para favorecer mediaciones y aperturas negociadoras.
Es más, ante las críticas recibidas precisamente por su compromiso con la paz, en lugar de bendecir a una u otra facción, León XIV evitó el enfrentamiento político, reiterando en múltiples ocasiones su propia identidad de "pastor" y no de hombre político, llamado exclusivamente a anunciar el Evangelio.
Entre los momentos centrales del primer año figuran los grandes viajes internacionales. El más exigente fue el africano - que afirmó quería que fuera el primero - que tocó Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. En cada etapa el pontífice abordó temas específicos: la convivencia religiosa en Argelia, el drama de la guerra separatista en Camerún, las desigualdades económicas en Angola y la dignidad de los detenidos en Guinea Ecuatorial. En todas partes León XIV insistió en la necesidad de paz, justicia social, protección de los derechos humanos y valorización de los jóvenes africanos, señalados como recurso decisivo para el futuro del continente.
Otro viaje simbólicamente relevante fue el realizado a Turquía y Líbano, llevado a cabo también en el surco del deseo expresado por el papa Francisco. En Nicea el pontífice participó en las celebraciones por los mil setecientos años del Concilio que allí tuvo lugar, fortaleciendo el diálogo ecuménico con el patriarca Bartolomeo. En el Líbano, en cambio, encontró a una población marcada por la crisis económica, los conflictos y la emigración, ofreciendo imágenes destinadas a permanecer como emblemáticas del pontificado: la oración silenciosa ante el puerto devastado de Beirut y el abrazo con miles de jóvenes en Bkerké.
Y no hay que olvidar tampoco la etapa en el Principado de Mónaco - primer pontífice en visitarlo: en un estado pequeñísimo y polo internacional de lujo y bienestar, el Santo Padre dio testimonio del Buen Pastor que no descuida a ninguna oveja de su rebaño - ni a la herida y la enferma, ni a la gorda y la robusta (Ez 34,16) - aunque recordando sin concesiones la necesidad de una distribución equitativa de los bienes.
Importantes fueron también los numerosos compromisos que marcaron el Año Santo de la Esperanza, abierto por Francisco y clausurado por León XIV en enero de 2026: todas ellas ocasiones para manifestar cercanía y llevar esperanza y misericordia a los diferentes grupos sociales. El momento culminante fue el Jubileo de los Jóvenes, que llevó a más de un millón de jóvenes a Roma. En las catequesis y en los encuentros públicos el papa invitó a las nuevas generaciones a superar la superficialidad y el aislamiento digital, construyendo relaciones auténticas y orientando su vida hacia ideales elevados y hacia Cristo.
En el magisterio de León XIV regresa con fuerza también la denuncia contra el rearme y el comercio de armas. En múltiples ocasiones el papa calificó de "diabólica" la espiral de la violencia, criticando la carrera armamentista y las políticas basadas en el miedo. La paz, repitió, no puede construirse mediante el dominio de la fuerza, sino únicamente a través de la justicia, la confianza mutua y el diálogo.
El diálogo representa, de hecho, una de las palabras clave del pontificado, no solo en las relaciones internacionales sino también dentro de la Iglesia. León XIV afrontó los debates eclesiales relacionados con la liturgia, invitando a evitar polarizaciones y a encontrar soluciones inclusivas para los fieles vinculados al rito antiguo, en respeto de las indicaciones conciliares.
En esta perspectiva se inscribe también el primer Consistorio de enero de 2026, convocado para poner en marcha un método fundado en la colegialidad, la escucha y el diálogo. Los cardenales fueron llamados a reflexionar especialmente sobre los temas de la sinodalidad y de la misión evangelizadora, en continuidad con la herencia del papa Francisco.
Numerosos fueron los llamamientos del pontífice sobre la cuestión migratoria. León XIV utilizó palabras muy duras para denunciar el trato reservado a los migrantes, reducidos a menudo, según él, a "basura" o tratados "como animales".
La atención a los últimos fue reiterada en la primera exhortación apostólica, Dilexi te, dedicada al servicio de los pobres y a la denuncia de las injusticias económicas y sociales. En el documento el papa aborda temas como la economía que mata, la violencia contra las mujeres, la malnutrición y la emergencia educativa, pidiendo una transformación profunda de las estructuras que generan exclusión.
Junto a la dimensión social, León XIV prosiguió el camino ecuménico, buscando superar las divisiones entre cristianos que él mismo calificó de "escandalosas", y el compromiso por la Creación, un compromiso vivido como acto de justicia hacia los pueblos y de respeto hacia Dios creador.
Sin olvidar que el primer año del pontificado estuvo caracterizado también por una serie de reformas y nombramientos internos en la Curia romana, y modificaciones en los organismos vaticanos y cambios orientados a conseguir una mayor responsabilidad compartida en la gestión económica de la Santa Sede.
Tras doce meses, emergen ya algunas líneas directrices claras del pontificado: la centralidad de la misión evangélica, la diplomacia por la paz, la atención a las periferias y a los pobres, el diálogo dentro y fuera de la Iglesia. Los próximos años, con nuevos viajes internacionales y la futura encíclica, definirán con mayor precisión el perfil de un papa que ha elegido presentarse ante todo como "pastor del mundo".