Representantes de la Inspectoría Salesiana de Centroamérica junto al Rector Mayor, el padre Fabio Attard, durante el VI Congreso Mundial de los Salesianos Cooperadores en Italia; entre ellos, el padre Manuel Gómez, de la Basílica Don Bosco de Panamá, compartiendo la alegría y fraternidad de la Familia Salesiana. (ANS - Sacrofano) - Con la misa presidida por el Rector Mayor de los Salesianos de Don Bosco, el padre Fabio Attard, se abrió, en la mañana del jueves 7 de mayo de 2026, en Sacrofano, el VI Congreso Mundial de la Asociación de los Salesianos Cooperadores.

La agenda del Congreso promete un recorrido rico y articulado que, partiendo del camino recorrido, proyecta la Asociación hacia el futuro que le espera. El camino recorrido fue, pues, el corazón y el centro de la primera jornada, pero desde la ponencia del padre Attard pronto se comprendió cómo el pasado, el presente y el futuro de la Asociación están unidos en un continuum que permite a los Salesianos Cooperadores ser, aún hoy, esa levadura de la sociedad que Don Bosco había deseado con fuerza.

Así como un pan bien leudado convoca en torno a sí un clima de fiesta, en la sala es un bullicio de lenguas, risas, abrazos y saludos que recuerdan a todos la alegría del reencuentro en Familia. Poco importa si es la primera vez que se encuentran: la pertenencia a la misma Familia se hace carne en las miradas, en los rostros, en las sonrisas de quienes comparten la misma misión en tantas partes del mundo.

Y entonces es enseguida fiesta, una fiesta que llega hasta el escenario con el desfile de las banderas de todos los continentes, que dan una idea de cuán grande se ha vuelto el sueño de Don Bosco. Poco después la alegría se hace silenciosa, se convierte en una mirada atenta, en un oído tendido a las palabras del padre Attard, que invita a todos a recordar la llamada personal a formar parte de la Familia Salesiana y articula su reflexión en torno a tres puntos fundamentales:

  • el proyecto original que el Espíritu suscitó en Don Bosco;
  • los rasgos esenciales de la figura del Salesiano Cooperador;
  • el icono bíblico de las bodas de Caná como lente que permite desarrollar los cuatro verbos mirar, escuchar, elegir y actuar como actitudes concretas de levadura salesiana llamada a ser fecunda hoy.

El Rector Mayor subraya cómo los Salesianos Cooperadores fueron pensados, desde el principio, para ser levadura en la Iglesia y en la sociedad, y cómo su existencia debe leerse dentro de una única gran comunidad, unida por el mismo objetivo de "salvar a los jóvenes". La misma "salvación de los jóvenes" se convierte en el criterio de fecundidad de esta comunidad, que solo es generadora si es capaz de ayudar realmente a los jóvenes a vivir y a esperar.

Es aquí donde entra en juego la importancia de la laicidad del Salesiano Cooperador como salesiano que habita el mundo y su cotidianidad. Hoy la levadura salesiana está llamada a actuar en ese mundo en el que muchos jóvenes no han recibido el anuncio evangélico de sus familias, o en todas aquellas situaciones en las que se corre el riesgo de ser devorados por el vacío de tenerlo todo. La Asociación es, por tanto, un espíritu salesiano vivido por los laicos que viven en el mundo y que participan del carisma aportando sus dones con la mirada puesta en el hoy; y la santidad del laico salesiano se alcanza a través de su acción en el mundo: esta es su dimensión evangélica.

Cuatro son los verbos que permiten a los Salesianos Cooperadores ser levadura:

  • El primero es mirar, para reconocer dónde la vida de los jóvenes tiene dificultad para leudar, dónde se apaga la esperanza, y dejarse tocar por lo que se ve, como hizo María.
  • El segundo es escuchar, tener el valor de emprender un camino de escucha profunda de Dios, de uno mismo, de los demás Cooperadores y de toda la Familia Salesiana. Una escucha que no pretende hablar de inmediato, sino que permanece hasta reconocer la voz del Espíritu que habla a través de la realidad.
  • El tercer verbo es elegir, y se refiere a las prioridades a las que dedicar la atención en la misión, privilegiando no la cantidad, sino la calidad de la presencia.
  • Finalmente, el actuar, trabajar como levadura escondida y fecunda, recordando siempre que no son los Salesianos Cooperadores quienes salvan a los jóvenes, sino Cristo quien actúa en su corazón. Trabajar con humildad, alegría, serenidad, libres de la ansiedad por el rendimiento.

Precisamente esta forma de trabajar es la que caracterizó el desarrollo de la mesa redonda de la tarde, donde a través de las figuras e intervenciones de Noemi Bertola, Paolo Santoni, Roberto Lorenzini, Laura Gambassi y Angie Carolina Quintero, se recorrieron los pasos de la Asociación siguiendo las huellas de Don Bosco en los principales momentos que marcaron algunos eventos históricos de su historia, como la redacción del Proyecto de Vida Apostólica y el cambio de denominación de Cooperadores Salesianos a Salesianos Cooperadores.

Esta es la ocasión para recorrer los puntos fuertes y débiles de la Asociación a lo largo de los diferentes años de servicio de los distintos invitados. Las palabras clave que emergen de las diversas intervenciones vienen a reforzar la ponencia del padre Attard: comunión, animación, formación, laicidad, proyecto de vida.

En cada una de estas intervenciones la Asociación cobra vida en la historia, en el espacio de las diferentes realidades, en las familias que la componen y que son tocadas por ella, en las relaciones entre salesianos que se establecen durante el servicio.

La mesa redonda es también el momento para preguntar a los jóvenes qué Asociación ven y esperan para el futuro; y en este sentido cobra más fuerza que nunca la invitación del Rector Mayor a los Salesianos Cooperadores: ser y trabajar libres de la nostalgia, para no ser prisioneros del miedo; para no temer entrar en las nuevas periferias; para ser pequeños, conscientes de que la fecundidad es de Dios; para aceptar ser ese pequeño resto que es signo y portador del amor de Dios a los jóvenes.

Daniela Pettinao