TM3Jesús necesita personas que lo den a conocer, que hagan ver la presencia de Dios en el mundo.

He aquí nuestra misión salesiana: ser personas que den testimonio de Jesús a los jóvenes, especialmente a los más pobres desde el punto de vista social y económico, necesitados desde el punto de vista afectivo y emocional, en situación de riesgo desde el punto de vista de la pérdida de sentido de la vida, de esperanza y de futuro. 

 

El intento de echar a Dios fuera de nuestra existencia, no convierte la tierra en un paraíso. ¡Al revés! Hace más arduo nuestro trabajo, más frágil nuestra vida, la vida de los jóvenes más difícil y menos paradisíaca toda nuestra tierra.

TM4Yo creo que hay cosas buenas en este mundo, y por eso me empeño en combatir todos los días la buena batalla. Si la espiritualidad es un modo de vivir el Evangelio y el Evangelio es la buena noticia del encuentro con Jesús, para mí el rostro de los jóvenes, como se diría en “El Principito”, me han “domesticado”. 

 

En este mundo siempre hay algo bueno por lo que merece la pena comprometerse. Don Bosco eligió trabajar en lo bueno que había en los muchachos, empezando por los últimos y encontrando en ellos el rostro del Resucitado, que es un rostro que manifiesta bondad y alegría. 

TM5El da mihi ánimas es una llamada a vivir auténticamente nuestra vida unificándola en torno al ideal de la salvación de los jóvenes. 

No es simplemente dar cualquier cosa de nosotros, una parte de nuestro tiempo, nuestros saberes y talentos empleándolos en una profesión educativa. No es tanto “dar nuestras cosas”, sino ofrecernos a Dios para que Él nos use como quiere y, que por medio de María, nos conduzca en el campo de su misión.

El da mihi ánimas vivido en hechos, encarnado en la vida, nos pone al abrigo del riesgo de convertirnos en burócratas de la educación, dominadores del funcionalismo y de la eficiencia, y conferir a la misión salesiana la eficacia transformadora de las relaciones auténticas porque, hoy como ayer, ilumina quien arde.

 

El da mihi ánimas es también un principio de conversión continua, el resorte secreto que nos empuja a dejar a otros la acumulación de tesoros, la búsqueda de los placeres, la carrera de los honores, a abandonar la mediocridad, para ser cada día más libres de vivir la misión salesiana con sobriedad y templanza.

TM6Yo buscaba cómo servir al Señor, después de haber experimentado su amor.  A pesar de las circunstancias, decidí obedecerle. 

 

En una de misa de domingo, las Damas Salesianas invitaron a escuchar una plática acerca de lo que ellas hacían.   La invitación era para el viernes siguiente a las tres de la tarde, en un de salón de la Parroquia del Espíritu Santo en Guatemala.

 

Muy emocionada, llegué puntual para saber de qué se trataba.  En el salón había unas cuarenta sillas. La presidenta Lubia Chang de Barrios y la vicepresidenta Aura de Monzón  esperaban a las asistentes. Otras Damas Salesianas preparaban la merienda, la famosa champurrada. 

PresentacionTurín, tierra de santos en los tiempos de Don Bosco. Su mamá Margarita por primero. Si el proceso de su canonización no avanza, es porque no se puede certificar su tumba. Pero nadie pone en duda su santidad. De tal palo, tal astilla.

En el seminario de Chieri Don Bosco tuvo un formidable maestro de espiritualidad que, además de orientarlo en su formación sacerdotal, lo inició y apoyó en su novedoso apostolado con los muchachos obreros. Se llamaba san José Cafasso.

La marquesa Barolo fue una distinguida señora que puso su gran fortuna al servicio de las jóvenes en riesgo. Creó numerosas obras de caridad. Era amiga y bienhechora de Don Bosco.

Contemporáneo suyo fue también san Benito Cottolengo, el sacerdote que tenía una confianza ciega en la Providencia y así fundó el célebre hospital para enfermos crónicos graves.

Hay que incluir también a santa María Mazzarello, fundadora de las Hijas de María Auxiliadora, y a los sacerdotes beatos Antonio Rosmini y José Allamano.

Habría que hablar también de los santos que florecieron en la escuela de Don Bosco: santo Domingo Savio, beato Miguel Rua, beato Felipe Rinaldi. Ellos se dejaron contagiar de la santidad que irradiaba su padre y maestro. El Oratorio era, de verdad, una escuela de santidad.

DSC 0255El sistema educativo salesiano solo es posible desde el presupuesto
de la santidad. Sin este horizonte, el proyecto de Don Bosco parecería
un cúmulo algo ingenuo de recetas pedagógicas de uso discrecional.

Lo que Don Bosco soñaba no era solo asistencialismo de emergencia para muchachos en situaciones críticas de abandono. 

El relato simbólico del comienzo de la empresa educativa de Don Bosco es su conocido encuentro con el joven Bartolomé Garelli. Ese muchacho desamparado y desorientado en la gran ciudad de Turín se ha convertido en el símbolo de los millares de niños y jóvenes que se beneficiarían de la bondad educativa de nuestro santo. Pues bien, el diálogo vivaz de ese encuentro narrado por el mismo Don Bosco aterriza en la recitación conjunta del Ave María. Luego vendrían las catequesis semanales.

Es pues, evidente que la dimensión religiosa en el proyecto de Don Bosco es fundamental. Más tarde el santo educador acuñaría el lema “Honrados ciudadanos y buenos cristianos” para solidificar la doble dimensión de su interés por los jóvenes pobres y abandonados: felices en la tierra y felices en el cielo.

 

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A Don Bosco le tocó convivir con varios santos en la ciudad de Turín. Profesores suyos, amigos, bienhechores serían posteriormente canonizados. Es un detalle histórico impresionante esa proliferación de santos en ese tiempo y lugar.

Sin embargo casi la totalidad de ellos son figuras sacerdotales: Juan Bosco, José Cafasso, Leonardo Murialdo, Luis Orione. Pareciera que el clero monopolizaba la santidad.

Por eso, sorprende el hecho de que Don Bosco se saliera de los cánones de santidad aceptados y propusiera con valor el camino de la santidad a muchachos de barrio. Logró joyas refulgentes de santidad como Domingo Savio, Miguel Magone, Francisco Besucco, Miguel Rúa, Felipe Rinaldi, Augusto Czartoryski…

Más de medio siglo después de la muerte de Don Bosco, el Concilio Vaticano II abrió puertas y ventanas a todos los miembros de la Iglesia para entusiasmarlos por la santidad como vocación ordinaria. 

 

TM1Cuando el Papa Francisco en la homilía de inicio de su ministerio empezó con la invitación, repetida, varias veces,– “No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura! ” – no pude menos que pensar en cómo Don Bosco consideraba fundamental establecer relaciones impregnadas de aquella ternura que él llamaba “amorevolezza”: que “los jóvenes no sólo sean amados, sino que sepan que son amados”.

Para que se conozca, es necesario manifestar el afecto. La amabilidad, el amor demostrado, la ternura, es lo que distingue el estilo salesiano y no sólo cuando se trata de los jóvenes, sino siempre, en toda circunstancia, en todo tipo de relación. Es el modo de hablar, el modo de dialogar, el modo de encontrarse, lo que debe expresar ternura.

“La bondad del trato y la amabilida  sea el carácter de todos los Superiores. El que es humilde y amable siempre será amado por todos, por Dios y por los hombres. Que todos aquellos con quienes hables se conviertan en tus amigos”. Son expresiones repetidas por Don Bosco. No por nada él se refiere, en su praxis educativa y relacional, a la imagen del Buen Pastor que ama a sus ovejas, las conoce por su nombre y si una se pierde, para encontrarla está dispuesto a afrontar los peligros de la noche. Y cuando la encuentra, la pone tiernamente sobre sus hombros para llevarla al redil.

DARIOTengo 26 años de edad, soy el mayor de seis hijos, provengo de una familia de escasos recursos económicos, fui criado solo por mi madre en Santiago de María,
El Salvador. 

A los 17 años emigré a San Salvador para estudiar ciencias jurídicas en la Universidad Nacional. Entonces conocí a Don Bosco, cuando participé en un retiro juvenil ESCOGE en la Ciudadela Don Bosco. El contacto con Cristo joven me ayudó a adentrarme en la pastoral juvenil salesiana.

 

Me involucré en el Oratorio, animado por el lema salesiano: Honrados ciudadanos y buenos cristianos. 

rivasj004Hace unos días me hicieron la siguiente pregunta: ¿En qué medida la espiritualidad salesiana ha enriquecido tu vida? Y la primera respuesta que surgió en mi mente fue: La espiritualidad salesiana ha provocado un vuelco total en mi vida.

Cuando empecé a recorrer los caminos de la vida salesiana, me di cuenta de que Don Bosco vivió y nos transmitió, por inspiración de Dios, un estilo original de vivir y de actuar llamado Espíritu Salesiano. Es un modo de ser, una actitud permanente, una forma de actuar, una perspectiva original desde donde se ve y se interpreta la realidad. Quedé fascinado con la forma de ser de Don Bosco, y sin dudarlo decidí también ser como él.

El Espíritu Salesiano me hizo descubrir que tengo tres grandes amores: Dios, mis hermanos salesianos y los jóvenes.

Dios es mi Rey, es mi Padre y tiene la primacía absoluta. Nada hay más importante que Él. Él es la razón por la cual yo existo. Él me pensó, quiso que existiera, me eligió para ser suyo, y me envió a educar y evangelizar a los jóvenes. Por eso procuro cultivar cada día una íntima unión con Él, pues me doy cuenta de que sin Él no puedo hacer nada.

TM4El 60 aniversario del martirio del salesiano coadjutor Esteban Sándor y su beatificación el 19 de octubre del 2013 en Budapest, Hungría son una gracia para toda la Familia Salesiana. 

Esteban nació en Szolnok, Hungría, el 26 de octubre del 1914, hijo de Esteban Sándor y María Fékete. Fue el primer hijo de tres hermanos. Su padre trabajaba en el ferrocarril, la madre era ama de casa. Ambos transmitieron a sus hijos una profunda religiosidad. Esteban estudió en su ciudad, consiguiendo el diploma de técnico metalúrgico. 

Conoció a Don Bosco a través del Boletín Salesiano. Se sintió atraído por el carisma salesiano. Se hizo aconsejar por su director espiritual. Habló también con sus padres, que le negaron el permiso. Sin embargo, Esteban logró convencerlos y en el año 1936 fue aceptado en el Clarisseum, la casa salesiana de Budapest. 

TM4El 60 aniversario del martirio del salesiano coadjutor Esteban Sándor y su beatificación el 19 de octubre del 2013 en Budapest, Hungría son una gracia para toda la Familia Salesiana. 

Esteban nació en Szolnok, Hungría, el 26 de octubre del 1914, hijo de Esteban Sándor y María Fékete. Fue el primer hijo de tres hermanos. Su padre trabajaba en el ferrocarril, la madre era ama de casa. Ambos transmitieron a sus hijos una profunda religiosidad. Esteban estudió en su ciudad, consiguiendo el diploma de técnico metalúrgico. 

Conoció a Don Bosco a través del Boletín Salesiano. Se sintió atraído por el carisma salesiano. Se hizo aconsejar por su director espiritual. Habló también con sus padres, que le negaron el permiso. Sin embargo, Esteban logró convencerlos y en el año 1936 fue aceptado en el Clarisseum, la casa salesiana de Budapest.