(ANS - Roma) - En la tarde del martes 28 de enero, en la Basílica del Sagrado Corazón de Roma, tuvo lugar el diálogo "Padre Fabio Attard en diálogo con los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano", moderado por la periodista de la RAI Benedetta Rinaldi, exalumna salesiana. El encuentro, transmitido también en directo por streaming en el Canal YouTube ANS, se enmarca en el primer día del Triduo de preparación para la Fiesta de san Juan Bosco, contribuyendo a crear un clima de escucha y de preparación espiritual a la solemnidad del Santo de los jóvenes.
La velada fue abierta por el padre Francesco Marcoccio, rector de la Basílica del Sagrado Corazón, que saludó a los presentes recordando el valor del carisma salesiano y su vínculo vital con los jóvenes y con el camino educativo de la Iglesia.
En su intervención introductoria, Benedetta Rinaldi compartió un testimonio personal, recordando la experiencia vivida en el Movimiento Juvenil Salesiano y reconociendo cómo la alegría, la sonrisa y el acompañamiento recibidos marcaron profundamente su recorrido humano y profesional. A partir de ahí surgió la primera pregunta dirigida al Rector Mayor: cómo vivir hoy la propia identidad cristiana en un mundo que a menudo desalienta el contraste y premia la popularidad.
El padre Fabio Attard respondió situando la cuestión en el contexto actual, marcado por fragilidades y miedos, pero también por un fuerte deseo de sentido. El mundo ha cambiado, afirmó, pero los jóvenes no han perdido la capacidad de buscar una felicidad auténtica. En este escenario, el grupo salesiano no es un refugio del mundo, sino una "forja" que forma interiormente y prepara para afrontar la realidad con una columna vertebral sólida, capaz de testimoniar sin agresividad y sin compromisos.
Retomando el tema del grupo, la moderadora destacó el riesgo de que las experiencias juveniles se agoten o se vuelvan autorreferenciales. El padre Attard respondió con claridad: un grupo auténticamente salesiano es por naturaleza "en salida". No es un lugar que retiene, sino un ambiente que genera responsabilidad y devolución. El grupo, subrayó, no ofrece simplemente actividades, sino que crea relaciones y forma personas capaces de ponerse al servicio.
A este respecto, el Rector Mayor compartió experiencias maduradas en diversos contextos internacionales - desde España hasta América Latina - contando cómo hay jóvenes que eligen "dar" lo que han recibido en los oratorios y en los centros juveniles. Gestos a menudo silenciosos, pero llenos de fuerza evangélica, que hacen del grupo luz y apoyo para los más frágiles.
El diálogo entró luego en su momento más intenso con la segunda pregunta: «¿Cómo perdonamos, incluso cuando no queremos perdonar?». El padre Attard aclaró que el perdón no nace de un esfuerzo voluntarista. Perdonar no significa negar el dolor ni justificar el mal, sino elegir no permanecer prisioneros de la herida. A menudo, explicó, el perdón es una decisión que precede al sentimiento: confiar a Dios aquello que el corazón aún no logra desatar. Es un camino que requiere tiempo, verdad y acompañamiento, pero que hace posible el futuro, también en la vida de los grupos.
En este horizonte, el Rector Mayor subrayó que la experiencia del grupo no pertenece al pasado, sino que es un patrimonio vivo. No es una etapa que se archiva, sino una herencia educativa y espiritual que sigue orientando elecciones, relaciones y responsabilidades con el paso del tiempo.
La tercera pregunta, planteada por Benedetta Rinaldi, se refirió al tema del protagonismo juvenil, a menudo reducido a visibilidad y éxito personal. El padre Attard aclaró que el protagonismo, en el carisma salesiano, significa asumir responsabilidades reales. Don Bosco confiaba tareas verdaderas a los jóvenes porque creía en sus capacidades: es emblemática la figura de Miguel Rúa, llamado a guiar un oratorio con solo dieciséis años. Ser protagonistas no significa aparecer, sino servir y construir.
El encuentro concluyó con una pregunta de los jóvenes sobre cómo había vivido el padre Fabio Attard la experiencia de acompañar a los jóvenes en su ministerio. Con sencillez y gratitud, el Rector Mayor describió el acompañamiento como una de las experiencias más exigentes y fecundas: caminar al lado sin sustituir, respetando tiempos y fragilidades. En la relación con los jóvenes, añadió, a menudo son los educadores los que se ven transformados: los jóvenes educan a los adultos en la esperanza.
En el clima del Triduo y en preparación para la Fiesta de Don Bosco, el encuentro dejó un mensaje claro: solo jóvenes capaces de perdón, responsabilidad y alegría pueden convertirse en signos creíbles de esperanza en el mundo de hoy.