La visita del papa León XIV a Barcelona recordó los profundos vínculos entre la ciudad catalana y Don Bosco, cuya presencia permanece viva en lugares emblemáticos como Montserrat, la Sagrada Familia y el Tibidabo. (ANS – Barcelona) – La segunda etapa del viaje apostólico del papa León XIV en España fue en Barcelona, ciudad con un profundo vínculo con Don Bosco. Los mensajes y gestos de verdadero pastor del papa León no dejaron indiferentes a los fieles que acudieron, así como tampoco quedó sin frutos el paso de Don Bosco por la ciudad catalana. Con la ayuda de un autorizado Hijo de Don Bosco originario de Barcelona, el padre Joan Lluís Playà, delegado del Rector Mayor para la Familia Salesiana, releemos con una mirada salesiana algunos de los momentos centrales de esta etapa catalana del viaje papal.

En la jornada del miércoles 10 de junio, desde el balcón central de la fachada de la abadía de Monserrat, uno de los grandes símbolos espirituales de Cataluña, el papa León XIV lanzó un mensaje de unidad y pidió, ante los miles de fieles que lo escuchaban, vivir “todos unidos en una sola familia” – una imagen que se convirtió en una de las claves de su paso por esta Comunidad Autónoma de España.

Del mismo modo, durante la misa que presidió en el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, en su obra maestra de la Sagrada Familia, el papa León XIV hizo resonar, una vez más, un llamado al corazón de cada cristiano, invitando a la paz y a la acogida, subrayando que quien cree no puede matar inocentes ni “abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”.

Pues bien, en ambos puntos de referencia cristianos desde los cuales el papa León dirigió sus mensajes de unidad y fraternidad, también estaba presente Don Bosco. Así lo explica el padre Playà.

“Los promotores de estas obras quisieron que se representaran allí los santos nacidos en Barcelona o aquellos que habían tenido una relación directa con la ciudad. Y Don Bosco es ciertamente uno de ellos”.

El Santo de los Jóvenes visitó Barcelona en la etapa final de su vida, en 1886, pero aún encontró tiempo para suscitar gran atención y celo por el Señor, hasta recibir la donación del terreno en el monte Tibidabo y hacer construir allí el gran templo al Sagrado Corazón de Jesús que hoy se alza en ese lugar, como continuación ideal de la obra de Roma, a la que había dedicado los últimos años de su vida. “Ahora que la iglesia del Sagrado Corazón en Roma está casi terminada –dijo Don Bosco al recibir en Barcelona la inesperada donación– debemos estudiar cómo promover cada vez más la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Y una voz interior me aseguró que encontraría los medios para realizar mi deseo. Esta voz me repetía: Tibidabo, tibidabo (te daré, te daré – en latín)” (MB XVIII,114).

Volviendo a las dos estatuas, el delegado del Rector Mayor para la Familia Salesiana añade además: “En el caso de la abadía de Monserrat, la imagen de Don Bosco rodeado de dos niños está colocada justo frente a la Basílica, casi estableciendo un diálogo directo con la abadía y con la Virgen allí venerada. Mientras que en el caso de la Sagrada Familia, fue Antoni Gaudí quien deseaba desde el inicio de la construcción la presencia de los santos, como símbolos vivos de la práctica de las virtudes y ejemplos para el mundo, para que su contemplación facilitara la memoria y suscitara la imitación”.

Además, la referencia a Don Bosco en la basílica de la Sagrada Familia propone una conexión ágil con la basílica salesiana del Sagrado Corazón en el Tibidabo.

Concluye, en efecto, el padre Playà:

“Así como la torre de la Sagrada Familia es el punto más alto de las construcciones de la ciudad, así el Tibidabo, presidido por el Sagrado Corazón, es el punto más alto de la montaña que rodea la ciudad. Y Don Bosco, siempre representado con los jóvenes a su lado, invitaba precisamente a ‘Alzar la Mirada’ – el lema de este viaje apostólico – para reavivar la fe, alimentar la esperanza y ejercitarnos en la caridad”.