Los Salesianos de Don Bosco son una congregación fundada en 1859 por San Juan Bosco en Turín, Italia, como respuesta a la pobreza y abandono de muchos jóvenes en un contexto de rápida industrialización; con el apoyo del Pío IX, esta obra tomó forma junto a sus primeros colaboradores, y hoy, integrada por sacerdotes y hermanos coadjutores que viven en comunidad, continúa ofreciendo educación y acompañamiento como camino para transformar vidas y crecer en santidad.
Su misión, según el artículo 6 de las Constituciones, los define como evangelizadores de los jóvenes, especialmente de los más pobres; cuidadores de las vocaciones apostólicas; educadores de la fe en ambientes populares, también mediante la comunicación social; y misioneros que anuncian el Evangelio donde aún no es conocido. Esta tarea se concreta en múltiples obras: oratorios y centros juveniles, escuelas, centros de formación profesional, internados, universidades y espacios de pastoral. A ello se suman parroquias y una amplia presencia misionera en todos los continentes.
Los Salesianos de Don Bosco, fieles al legado de San Juan Bosco, continúan hoy su presencia en más de 136 países. Su acción se desarrolla en comunidades inspectoriales que se articulan en comunidades locales; desde 1965, estas Inspectorías se agrupan en regiones, fortaleciendo el vínculo con el gobierno central y favoreciendo la comunión en toda la Congregación.
Los Salesianos de Don Bosco están organizados bajo una estructura centralizada que garantiza la unidad del carisma en todo el mundo. Son guiados por el Rector Mayor, sucesor de Don Bosco, junto a su Consejo General, compuesto por consejeros responsables de áreas como formación, pastoral juvenil, comunicación y misiones. Este equipo anima y coordina la vida de la congregación, asegurando fidelidad al espíritu fundacional y respuesta a los signos de los tiempos.
Testimonio
¿Qué significa ser SDB en el mundo de hoy?
“Para mí, ser salesiano hoy significa hacer presente a Dios en medio de los jóvenes, especialmente de los más necesitados. Es vivir un carisma que impulsa a amar, educar, acompañar y evangelizar al estilo de Don Bosco, con cercanía y alegría. En un contexto donde muchos jóvenes enfrentan la soledad, la superficialidad y la falta de esperanza, mi misión es estar a su lado, escucharlos y ayudarlos a descubrir que su vida tiene un profundo sentido. Ser salesiano también implica tener corazón de Buen Pastor y alma de educador, confiando en que cada joven posee una semilla de bien que debe ser cultivada. Es salir al encuentro de las nuevas pobrezas juveniles con ternura y compromiso. En definitiva, es ser fiel al sueño de Don Bosco y hacer de la propia vida una misión que conduzca a los jóvenes hacia Cristo.”
P. Roberto Henríquez, SDB