Las Hijas de María Auxiliadora, segundo gran grupo religioso fundado por san Juan Bosco, nacen como respuesta al abandono y pobreza de muchas niñas, impulsadas también por su profunda devoción mariana. Fundadas en 1872 junto con santa María Dominica Mazzarello en Mornese, Italia, surgieron para ofrecer una formación integral basada en la fe, el cariño y el estilo educativo salesiano.
Su misión es guiar, educar en valores y acercar a los jóvenes a Dios, ayudándoles a descubrir su dignidad y construir un proyecto de vida. Las FMA viven en comunidad y están presentes en escuelas, centros juveniles, parroquias y obras sociales, donde promueven la fe y el compromiso con la sociedad.
En Centroamérica, su presencia se hace visible en obras de los seis países de la región, donde acompañan a niños, adolescentes y jóvenes, especialmente en contextos de vulnerabilidad, siendo signo de esperanza.
Hoy están presentes en 97 países y cuentan con más de 1, 400 comunidades que llevan el amor de Dios y de María Auxiliadora a las nuevas realidades en todo el mundo.
Las Hijas de María Auxiliadora llegaron a Centroamérica a inicios del siglo XX; desde El Salvador se expandieron a Honduras en 1910 y luego a toda la región.
Testimonio
¿Qué significa ser FMA en el mundo de hoy?
“Ser Hija de María Auxiliadora en el mundo es vivir con alegría y con un corazón lleno de amor por Dios y por los demás, especialmente por los jóvenes. Es seguir el estilo de Jesús con sencillez y confianza, al modo de Don Bosco y Madre Mazzarello, poniendo siempre en el centro a las personas, sobre todo a quienes más lo necesitan. Nuestra misión es acompañar a niños y jóvenes, estar atentas a cada uno, creer en ellos y ayudarles a descubrir lo bueno que llevan dentro. Educamos con paciencia y cercanía, procurando que se sientan amados y así puedan encontrarse con Jesús y María. También es vivir en comunidad, compartiendo la vida y construyendo un ambiente de familia. Cada joven es un regalo que Dios confía a nuestras manos. Ser Hija de María Auxiliadora es vivir con alegría, como decía nuestra querida Madre Mazzarello: ´La alegría es el signo de un corazón que ama mucho al Señor´".
Sor Nazareth Espinoza, FMA.