Hijas del Divino Salvador, HDS Las Hijas del Divino Salvador, HDS es una expresión del carisma salesiano surgida en Centroamérica, que responde con creatividad a las necesidades de la Iglesia y de la juventud. Fue fundado en la noche de Navidad de 1956, en Santo Domingo, San Vicente (El Salvador), por monseñor Pedro Arnoldo Aparicio, sacerdote salesiano y obispo, quien percibió dos urgencias: el anhelo de vida consagrada en jóvenes de escasos recursos y la necesidad de formar maestras y catequistas.

Desde sus inicios, las HDS recibieron el acompañamiento de las Hijas de María Auxiliadora, quienes apoyaron su formación y organización, favoreciendo un crecimiento sólido. Con el paso del tiempo, fue reconocido oficialmente por la Iglesia y, en 1987, incorporado a la Familia Salesiana.

La misión de las Hijas del Divino Salvador se centra en la educación cristiana de la niñez y juventud, especialmente de los más pobres. Su labor se desarrolla en escuelas, centros de catequesis y obras de promoción social, siempre inspiradas en el sistema preventivo de San Juan Bosco, que privilegia la cercanía, la razón y el amor.

Asimismo, como institución religiosa, extienden su servicio en guarderías y casas hogar para niños y niñas abandonados, así como en talleres de promoción de la mujer, contribuyendo a la formación integral y digna de las personas.

Su espiritualidad, sencilla y profundamente evangélica, está marcada por la alegría, la humildad y la confianza en Dios. Bajo el lema “Cristo debe reinar”, continúan hoy su servicio, siendo signo de esperanza y compromiso con los niños y jóvenes, fieles al espíritu salesiano nacido en la región.

Las Hijas del Divino Salvador extienden su misión educativa y evangelizadora en diversos países de América Latina como El Salvador, Guatemala, Panamá, Venezuela y Bolivia, llevando el carisma salesiano a distintos contextos y realidades sociales.

Testimonio

¿Qué significa ser HDS en el mundo de hoy? 

"Ser Hija del Divino Salvador hoy es vivir una profunda armonía entre el servicio a Dios y a los hermanos. En cada patio, aula y espacio de misión, las religiosas hacemos vida el Sistema Preventivo de San Juan Bosco, convirtiéndolo en un estilo cotidiano marcado por la cercanía, la alegría y la entrega. En medio de un mundo herido por la exclusión y el individualismo, las HDS nos convertimos en signo visible de la ternura de Dios, acogiendo con sencillez y esperanza a quienes más lo necesitan. A través de la razón, la religión y el amor, mantenemos viva la sensibilidad ante la realidad y el compromiso con los más vulnerables. Ser HDS hoy significa también salir al encuentro del otro, al estilo de María, con prontitud y generosidad. Inspiradas por el legado de Don Bosco y de monseñor Aparicio, las hermanas estamos llamadas a ser signos de esperanza, entregando nuestra vida por la salvación y el acompañamiento de la niñez y la juventud".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hna. Olinda González, HDS.