Las Hermanas de la Resurrección es una congregación femenina nacida en 1977 en la misión salesiana de Centroamérica, en San Pedro Carchá, Guatemala, fundada por el sacerdote salesiano Jorge Puthenpura. Surgió como respuesta a la necesidad de acompañar y evangelizar a las comunidades indígenas, especialmente al pueblo q’eqchi’, promoviendo una Iglesia cercana y encarnada en su cultura.
Desde sus inicios, las primeras jóvenes, indígenas y en su mayoría sin formación académica, asumieron con entusiasmo una misión que combinaba la catequesis, la educación y el servicio comunitario. Con el tiempo, se formaron como educadoras y agentes pastorales, convirtiéndose en protagonistas del cambio en sus propias comunidades.
La misión de las hermanas se centra en la evangelización inculturada, la educación y la promoción humana. Trabajan en centros educativos, parroquias y obras sociales, desarrollando programas de alfabetización, formación de la mujer, salud, economía familiar y acompañamiento a niños, jóvenes y familias.
Actualmente, benefician a cientos de niños y jóvenes en sus centros educativos, y su acción pastoral alcanza a miles de personas en comunidades indígenas. Su legado educativo y formativo ha contribuido a formar líderes, catequistas y agentes de cambio, capaces de transformar su realidad desde la fe.
Con el lema “Cristo ha resucitado”, su vida es un testimonio de esperanza que renace en medio de los pueblos más necesitados.
En 2004, las Hermanas de la Resurrección fueron reconocidas como parte de la Familia Salesiana, confirmando la riqueza de su vocación nacida en el mundo indígena. Su misión educativa y social continúa transformando la vida de niños, jóvenes y familias desde su propia cultura.
Testimonio
¿Qué significa ser Hermana de la Resurrección en el mundo de hoy?
“Ser hermana de la Resurrección hoy es caminar con fe sencilla y con corazón humilde, así como enseñaron nuestros ancestros. Es vivir cerquita del pueblo, escuchar su dolor y también su alegría, y acompañar con amor verdadero, sin dejar a nadie atrás. Ser de la Resurrección es creer que la vida siempre vence a la muerte, que sí hay esperanza, aunque haya sufrimiento en el camino. Es compartir el pan, la palabra y la sonrisa, sin hacer diferencia entre uno y otro, porque todos somos hermanos. También es cuidar la fe del pueblo, fortalecer a la familia y sembrar la paz en nuestras comunidades. Y así, trabajando juntos en Sinodalidad, caminando como un solo corazón, se busca el bien común, para que cada persona descubra su valor y pueda vivir mejor. Así, con pasos pequeños pero firmes, se va construyendo el Reino de Dios entre nosotros”.
Zoila Caal Cacao, madre superiora.