Los Misioneros de Cristo Buen Pastor son una congregación de jóvenes indígenas que viven en comunidad, inspirados en la espiritualidad salesiana y comprometidos con la pastoral educativa. Su origen se remonta a la misión salesiana en San Pedro Carchá, Guatemala, donde, hace más de 25 años, el sacerdote salesiano Antonio De Groot impulsó un proyecto de acompañamiento y formación para jóvenes en situación de vulnerabilidad.
El padre De Groot, originario de Australia y llegado a la misión en 1975, identificó la educación como el camino clave para promover el desarrollo humano y cristiano de la juventud indígena, especialmente ante las condiciones de pobreza y abandono que enfrentaban. Así, inició una experiencia comunitaria con un pequeño grupo de jóvenes, que con el tiempo fue creciendo y consolidándose.
Un momento clave ocurrió el 31 de enero de 2013, cuando la agrupación recibió el reconocimiento canónico como congregación religiosa diocesana por parte del obispo local. Este paso marcó su madurez institucional, junto con la definición de sus estatutos y constituciones.
Actualmente, su misión se centra en la formación integral de jóvenes indígenas en los centros educativos Don Bosco de San Pedro Carchá, San Juan Chamelco y Raxruhá, en Alta Verapaz, donde cultivan la espiritualidad salesiana y la pastoral educativa, promoviendo la evangelización en la cultura q’eqchi’, y proyectándose como una futura congregación dentro de la Familia Salesiana.
La Congregación religiosa fundada por el padre Antonio De Groot acoge en el Centro Don Bosco a miles de jóvenes Q’eqchi’, a quienes ofrece formación integral académica, técnica y pastoral, con el objetivo de formar buenos cristianos y honrados ciudadanos al servicio de la sociedad.
Testimonio
¿Qué significa ser Misionero de Cristo Buen Pastor en el mundo de hoy?
“Significa asumir una vocación viva, comprometida y profundamente encarnada en la realidad actual, especialmente en la vida de los jóvenes en un mundo lleno de retos, marcado por la desigualdad, la marginación, migración, falta de oportunidades y la pérdida de valores. Motivados por la voluntad salvífica de Cristo Buen Pastor: “Tengo otras ovejas que no son de este redil, a esas también las debo conducir” (Jn. 10,16), tenemos la misión de ser discípulos misioneros de Jesucristo para los jóvenes más necesitados y de los lugares más apartados, para su dignificación, formación e integración. El Misionero de Cristo Buen Pastor como apóstol y educador de los jóvenes, no se queda distante de ellos, sino que, decide entrar en su mundo y su realidad para tratar de comprender sus luchas, sueños y heridas. Asume la misión entre ellos, no desde arriba, caminando a su lado, amándolos con un corazón generoso y educándolos con esperanza como Don Bosco”.
Diác. Juan Caal Chóc, Vicario.