Voluntarias de Don Bosco, VDB El Instituto Secular de las Voluntarias de Don Bosco (VDB) nació el 20 de mayo de 1917 en Turín, por iniciativa del beato Felipe Rinaldi, como una respuesta innovadora al llamado de vivir la consagración en medio del mundo. Desde sus inicios, este grupo de mujeres laicas asumió el compromiso de seguir a Cristo mediante los votos de castidad, pobreza y obediencia, permaneciendo insertas en la vida cotidiana y en sus ambientes profesionales.

Su propuesta fue pionera en la Iglesia, anticipando la forma de vida de los institutos seculares, reconocidos oficialmente años después. A pesar de momentos de dificultad tras la muerte de su fundador, las primeras voluntarias permanecieron fieles, permitiendo que la obra creciera hasta recibir el reconocimiento pontificio en 1978.

Hoy, las VDB viven una espiritualidad salesiana centrada en la presencia discreta, siendo testigos del amor de Dios en la sociedad. Su misión se desarrolla en los espacios ordinarios de la vida, especialmente en contextos de mayor necesidad, promoviendo la justicia, la dignidad humana y la esperanza.

Comprometidas con los jóvenes, los pobres y las realidades más desafiantes, buscan transformar el mundo desde dentro, siendo levadura en la masa y signo vivo del Evangelio en la vida cotidiana.

Las Voluntarias de Don Bosco viven su vocación en medio de la sociedad, anunciando el Evangelio mediante una presencia discreta, cercana y transformadora. Su camino fue reconocido gradualmente por la Iglesia hasta recibir la aprobación como Instituto Secular de derecho pontificio en 1978.

Testimonio de una Voluntaria de Don Bosco 

¿Cómo ha marcado su vida el ser Voluntaria de Don Bosco?

“Ser VDB, desde que conocí el Instituto en el año 2001, me ha llevado a tomar conciencia de la misericordia de Dios en mi caminar vocacional, desde las etapas de discernimiento, preaspirantado, aspirantado, votos temporales y votos perpetuos hasta la actualidad. Vivo con gratitud la cita bíblica de Jeremías 31, 3: “Con amor eterno te he amado”. Reconozco que soy la primera responsable de cuidar todo lo que implica vivir como laica consagrada salesiana en la sociedad, mediante los votos de castidad, pobreza y obediencia, según mis Constituciones y Reglamentos, especialmente en la vivencia de la reserva (no secreto) de la consagración. Partiendo del Evangelio y de los documentos eclesiales y salesianos, me siento impulsada a buscar, desde mis posibilidades y realidad, respuestas concretas en los diversos ambientes donde el Espíritu Santo me envía, siendo fiel al carisma de Don Bosco. Sentirme acompañada y cuidada por mis hermanas VDB, la Familia Salesiana, amigos y hermanos en la riqueza de ser Iglesia universal es una bendición. Mi opción fundamental es por Cristo, a quien deseo seguir como mi Único Necesario, Único Amor y Único Señor”.