ComunidadHumana Traemos en la sangre la necesidad de pertenecer a una comunidad humana. Esta comunión nos enriquece como personas.


Por eso, huimos de la soledad como de una condición enfermiza. Pertenecemos a una gran variedad de redes: familia, amigos, compañeros de trabajo, asociaciones de diversa índole. Somos miembros de un barrio, de una ciudad, de un país.

Hace relativamente poco tiempo han aparecido las redes sociales. Bienvenidas, si contribuyen a hacernos crecer en calidad humana al ayudarnos a estar en contacto, a encontrarnos. Las redes sociales nos ofrecen conocimientos y relaciones. Lamentablemente están expuestas a la desinformación, la distorsión y el descrédito. Es triste que sean utilizadas como instrumento de acoso cibernético.

La red es una expresiva metáfora de comunidad. Recorridos y nudos crean resistencia sin necesidad de un centro, de una jerarquía. La cohesión solidaria genera confianza y favorece objetivos compartidos.

Pero la red puede degenerar en la contraposición frente al otro provocando división, sospecha y prejuicios de todo tipo. Así, la comunidad deriva en un individualismo desenfrenado con el riesgo de promover espirales de odio.

De fomentar el encuentro con los demás puede provocar autoaislamiento, como una telaraña que atrapa. Y así aparecen los ermitaños sociales, apartados completamente de la sociedad.

Las redes sociales pueden significar la realidad del cuerpo y sus miembros. En el mejor de los casos, se logra la comunión de las personas como ideal evangélico. El lado pernicioso es la mentira y el aislamiento. Entonces los demás son vistos como competidores o enemigos.

Dios no es soledad, sino tres Personas divinas en perfecta comunión. Nosotros, creados a su imagen y semejanza, llevamos en el corazón la nostalgia de vivir en comunión, de pertenecer a una comunidad. La riqueza de un ser humano es su capacidad de comunicar, acoger, comprender y corresponder al don del otro.

Para ser yo mismo necesito al otro. Soy verdaderamente humano, verdaderamente persona solamente si me relaciono con los demás. El auténtico camino de humanización va desde el individuo que percibe al otro como rival, hasta la persona que lo reconoce como compañero de viaje.
La red social está hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres.

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Boletín Salesiano Don Bosco en Centroamérica
Edición 251 Mayo Junio 2021


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