Desmontando Falacias: El Aborto Bajo el Microscopio de la Razón y la Ciencia Aristóteles definió al hombre como “animal racional”. Pero hoy muchas personas no usan bien la razón. Por ejemplo, las que defienden la licitud del aborto no sacan conclusiones de los datos científicos, sino que prefieren seguir ideologías y extraños intereses, defendiendo su postura con falacias y sofismas.

Hay animales que tienen fama de feroces y crueles: el cocodrilo, la hiena, el tigre. Sin embargo, estos respetan a sus pequeñuelos: los cuidan con ternura, los defienden, los alimentan. Sólo los seres humanos matan a sus bebés.

Los abortistas hablan del derecho de la mujer sobre su cuerpo, “derecho a elegir” (choice). Sí, tenemos derecho a escoger muchas actividades: se puede elegir entre quedarse en casa o salir a pasear, entre ir a pie o en vehículo. Pero, no es verdad que la mujer tenga derecho sobre su propio cuerpo hasta el punto de poder cortarse un brazo o de sacarse un ojo.

Además, asegura la ciencia que el producto de la concepción es un nuevo ser humano, con ADN propio, distinto del de sus padres. El embrión no es, pues, una parte del cuerpo de la mujer, aunque para su supervivencia necesite de ella durante nueve meses, y aún meses y años después de nacido. Nadie puede disponer de él.

Si no se respeta el primer derecho de la persona, que es el derecho a la vida, no se respetará luego ningún otro derecho.

Tampoco se le hace un beneficio a la mujer; al contrario: según aseguran médicos y psicólogos, se le causan enormes daños a su psicología y daños físicos a sus facultades reproductivas.

La naturaleza ha dispuesto con sabiduría las cosas: la integridad de nuestro cuerpo, la atracción recíproca del hombre y la mujer, el bebé como fruto de la intimidad sexual, etc. El irrespeto a esas disposiciones de la naturaleza siempre terminará dañando al mismo ser humano; la naturaleza, si no se la respeta, suele vengarse.

Hay legisladores que piden despenalizar el aborto hasta el momento del parto. Les pregunto: ¿qué diferencia hay entre el bebé una hora antes del parto y el mismo bebé una hora después del parto? ¿No es el mismo ser humano?

¿Por qué los grupos abortistas hacen manifestaciones callejeras gritando, exigiendo, pintarrajeando paredes, quemando iglesias? Si estuvieran convencidos de que gozan de un derecho, ¿por qué no hablan con la razón y el diálogo, y no con gritos y violencia?

La exigencia del ‘derecho al aborto’ no ha partido de las bases populares, sino de ideologías e intereses de personas e instituciones (ONU, OMS...). Las mayorías no se identifican con esas instituciones.

Con frecuencia se justifica el aborto en caso de abuso o violación. Pero ¿por qué el castigo debe recaer en el bebé, el único inocente en ese caso, y no en el abusador?

Hace años un artículo describía la triste situación de un país europeo con este título: “Cunas vacías, aulas desiertas”. En ese país escasean los niños, el país envejece. El Papa Francisco, refiriéndose a Europa, ha hablado varias veces, con tristeza, de “invierno demográfico”. Es triste un país de parejas sin niños, o con hijo único, sin hermanitos con quien compartir; un país sin niños jugando en las calles. Incluso la economía del país sale perdiendo: ¿quién trabajará para pagar la pensión de los muchos ancianos?

En 1948, después de los desmanes de la Guerra mundial y de los campos de exterminio, las naciones parecían haber vuelto a la cordura; decidieron empezar a respetar a todas las personas sin distinción de edad, raza, sexo, color y religión. Y redactaron para eso una “Declaración universal de derechos humanos”. El primero de ellos fue precisamente el derecho a la vida. ¿Por qué la ONU, que redactó esa Declaración, no se encarga hoy de hacerla respetar, y es más bien la que impulsa, con presiones a los gobiernos, el mal llamado “derecho al aborto”?

Unas últimas preguntas: ¿por qué no se habla más claro sobre este tema?, ¿por qué no se denuncia más enérgicamente esta matanza de inocentes?, ¿qué clase de falso respeto es el nuestro, cuando en cambio los abortistas vociferan en las calles?, ¿cómo es que diversas organizaciones protestan contra la caza de ballenas, de águilas y elefantes, y nadie dice nada contra la destrucción de débiles seres humanos? No nos hagamos cómplices con nuestro silencio.

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