Por un lado, sostiene que la disforia de género no es una enfermedad. Por otro sostiene el tratamiento farmacológico-quirúrgico ya que se nació en un cuerpo equivocado. José Errasti y Mario Pérez, ambos catedráticos de Psicología en la universidad de Oviedo han tenido el valor de publicar un libro con el título: ‘Nadie nace en un cuerpo equivocado’ (Barcelona 2022). Sin necesidad de estar de acuerdo con ellos en todo, vale la pena escoger algunas de sus afirmaciones.

El problema es que la ideología trans no es inocua. Para ellos, la identidad auto-percibida revela la verdadera identidad. Algunas de sus incoherencias se pueden formular de la siguiente manera: la teoría dice que el ‘yo real’ es distinto del cuerpo y, sin embargo, es el cuerpo el que ha hay que medicar y someter a cirugía.

Dice que el sexo no es binario sino múltiple y, sin embargo, promueve la transición de varón a mujer y viceversa. Dice que la verdad no existe y, sin embargo, la identidad sentida se impone como la verdad absoluta.

Dice que hay que respetar la libre expresión como fuente de autenticidad y, sin embargo, impone una manera de pensar y una neo-lengua para expresarlo. Dice que la disforia de género no es una enfermedad y, sin embargo, reivindica para ellos un tratamiento farmacológico y quirúrgico.

Pero el sentido común nos dice que las cosas no pueden ser de cualquier manera. La constatación del sexo niño-niña al nacer no es arbitraria.

En un mundo confuso, cambiante, poco fiable, donde la verdad está en entredicho, lo que se siente les parece lo más confiable y verdadero. Surge así una peculiar forma de sinceridad consistente en ser fiel a lo que a uno le parece y siente.

Entendemos que la llamada disforia de género supone un problema, un malestar y un descontento para las personas, pero un problema no es una enfermedad. No ignoremos que implica un gran sufrimiento.

Para la ideología trans no cabe más que afirmar la identidad sentida en orden al cambio de sexo, sin más consideraciones. Se presupone que la identidad sentida revela la verdadera condición natural de uno, independientemente del sexo biológico.

Cualquier alusión a que la confusión puede tener origen en influencias o presiones de la actual sociedad, sería una herejía.

El problema de esta hipótesis, por más que pueda ser digna de estudio, es que para el activismo trans el testimonio del niño revela una verdad que debe aceptarse sin más. Aquí se confunde lo científico con lo ideológico. Al no preocuparse de si lo que es correcto científicamente choca o no con lo que pretende ser políticamente correcto.

Lo correcto sería estudiar lo que pasa y ofrecer las ayudas científicas que fueran necesarias en cada caso. Al final, es posible que terminemos por decir en voz alta lo que muchos piensan realmente: que “el rey está desnudo”. Es decir que todo esto es una locura; una tendencia que se extiende hasta ser dominante sin apenas admitir la posibilidad de que, en su origen no sea más que algo construido artificialmente por la presión social.

No estamos negando que la disforia de género declarada y sentida por los niños y adolescentes sea un hecho real. Lo que planteamos es cómo se ha podido llegar a ciertos extremos. Lo que analizamos es la locura que implica esta tendencia, y la insensatez de su apoyo incondicional sin más miramientos, por parte de tantas instituciones que se suponen serias y profesionales. Por ejemplo, tantas universidades.

Repitámoslo: caben al menos tres incongruencias de la teoría:

  • Por un lado, sostiene que la disforia de género no es una enfermedad. Por otro sostiene el tratamiento farmacológico-quirúrgico ya que se nació en un cuerpo equivocado.
  • Por un lado, se afirma que los sexos no se reducen a masculino y femenino. Por otro lado, aboga por un tratamiento para cambiar de varón a mujer o de mujer a varón. Sigue vigente, pues el modo sexual binario.
  • Por un lado, sostienen que el sexo y el género son construcciones sociales. Por otro lado, afirman que la identidad sentida es reveladora de una condición natural objetiva sin más.

Si un chico o una chica de doce o trece años con alguna preocupación acerca de su identidad de género consulta en internet (como seguramente lo hará), se encuentra con que el cambio de sexo es la única opción.

Como dice Dagny (que ha querido volver a su sexo biológico, desgraciadamente demasiado tarde): “Existe la creencia de que está mal decirles a los adolescentes que su disforia de género puede ser pasajera. Y sólo quiero saber qué tiene de malo decirle a un adolescente: ‘Un día te sentirás mejor’. No te precipites. Espera que termine tu desarrollo físico y sicológico”.

Nada más anticientífico, antiético y anti-ayuda que la propagación dogmática de que el cambio de sexo es la única salida aceptable.

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