Jóvenes el MJS de Costa Rica recibieron a Don Ángel en medio de una gran fiesta. Cartago, Costa Rica, 28 de agosto de 2016.- La mañana estuvo dedicada a volar de Panamá a San José en un curioso vuelo porque se llega a la misma hora que se sale. Entre viajes al aeropuerto, esperas para abordar y trámites de migración se consumió casi toda la mañana.

Nos alojamos en la comunidad salesiana de San José donde almorzamos y descansamos un poco, pues la cita era en la cercana ciudad de Cartago a las tres de la tarde. En el Centro Domingo Savio se habían congregado jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano de Cartago, San Isidro de El General, el Colegio Salesiano y CEDES Don Bosco, más un grupo de jóvenes de las obras de las Hijas de María Auxiliadora.

El Rector Mayor fue recibido por una doble hilera de jóvenes ataviados con atuendos típicos quienes, desafiando la lluvia, acogieron a Don Ángel con estrépito de voces y entusiasmo delirante.

Ya en el salón, la algarabía no cesaba. Se abrió el evento con una ágil presentación artística de un grupo coreográfico. Cantos salesianos y vivas clamorosos elevaban la temperatura ambiental.

El Rector Mayor prefirió abrir un diálogo con los jóvenes. Pequeños, medianos y grandes plantearon inteligentes inquietudes salesianas como el arte de descubrir los signos de una santidad juvenil, recursos para que los salesianos se interesen más por la pastoral juvenil, la devoción a María Auxiliadora, y otras más.

Las acertadas preguntas dieron pie al Rector Mayor para ofrecer indicaciones sobre el alcance de la santidad juvenil, que se refleja en la alegría, el entusiasmo y la capacidad de vivir la propia vida con responsabilidad. Según lo expresó Don Ángel, “ la vida hay que donarla para ser feliz”.

Toda obra salesiana, según el Rector Mayor, debe conducir al joven a enamorarse de Jesús y a descubrir a María como madre de cada uno.

La tanda de preguntas se cerró con una sorpresa: un enorme pastel y unos mariachis para celebrar el cumpleaños de Don Ángel.

Luego vino la ya acostumbrada sesión de fotos por grupos, que resultó interminable, dado el largo desfile de grupos felices de posar con el Rector Mayor.

Al final, la celebración eucarística con los anfitriones de Cartago, pues los que habían llegado de lejos se apresuraron a regresar a sus lugares.

La nota distintiva de esta tarde gloriosa fue el calor humano juvenil, la alegría tumultuosa, la organización eficaz y la palpable conciencia de identidad salesiana compartida por todos en un evidente espíritu de familia.

 

 

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