El padre Mario Rodríguez Alvarado celebra 50 años de vida sacerdotal con una mirada agradecida y serena, reconociendo en cada etapa la presencia fiel de Dios. Nacido el 25 de septiembre de 1945 en Tejar del Guarco, Cartago, Costa Rica, su vocación comenzó desde joven en el aspirantado salesiano, iniciando así un camino de entrega que lo llevaría a recorrer distintos países de Centroamérica. Fue ordenado sacerdote el 14 de noviembre de 1976 en su natal Cartago.
Al hacer memoria de estas cinco décadas, el padre Mario no duda en afirmar que han sido años de abundantes bendiciones. “Dios siempre ha estado conmigo”, expresa, recordando que incluso en medio de las dificultades ha experimentado su auxilio constante, que le ha permitido seguir adelante con esperanza.
Su mayor alegría ha sido la pastoral juvenil. Desde el día de su ordenación pidió al Señor la gracia de trabajar con los jóvenes, y hoy reconoce con gratitud que ese deseo fue concedido. A lo largo de su vida, ha acompañado grupos juveniles en diversas obras salesianas, dejando una huella silenciosa pero profunda. “Tal vez ha sido un trabajo humilde y callado”, comenta, pero los frutos son visibles en la vida de tantos jóvenes que hoy son adultos comprometidos, con familias ejemplares y una fe sólida. El contacto con ellos, incluso a través de redes sociales, sigue siendo motivo de alegría y orgullo. En cada historia, el padre Mario contempla el fruto de una siembra paciente, hecha con dedicación y espíritu salesiano.
A lo largo de su vida sacerdotal, el padre Mario reconoce la presencia constante de la Virgen María, agradeciendo su cercanía y protección en su misión. Su confianza filial en la Auxiliadora ha sido un apoyo permanente que sigue iluminando su servicio hasta el día de hoy.
El padre Mario Rodríguez ejerce su ministerio como confesor en el Colegio Salesiano Don Bosco Zapote, acompañando con cercanía a la comunidad y estudiantes.