Pedagogía a contracorriente: las barreras de seguridad de la vida Una verdad sencilla y profunda: la vida se construye con dos palabras pequeñas, “sí” y “no”. Ambas son necesarias, pero los “sí” deben prevalecer. Los “no” marcan límites, mientras que los “sí” abren caminos y hacen crecer. La verdadera educación, la de los padres que van a contracorriente, es siempre positiva: una sonrisa enseña más que un reproche. Como al enseñar a andar en bicicleta, es mejor decir: “¡Mira hacia adelante!” que “¡Cuidado, no te caigas!”.

El efecto del factor “Respuesta Positiva (RP)”

El factor RP mide el equilibrio entre recompensas y castigos en la educación de los niños. Según Kaoru Yamamoto, de la Universidad Estatal de Arizona, el nivel ideal es 5:1: cinco recompensas por cada castigo. Cuando el castigo supera este equilibrio, la autoestima del niño se deteriora y su conducta no mejora, sino que cambia a otras formas de rebeldía o desánimo. Si esto continúa, puede sentirse incapaz de ganar el cariño o la aprobación de sus padres y dejar de intentarlo.

No estoy sugiriendo que se renuncie a cualquier forma de castigo: es necesario establecer límites claros al comportamiento del niño, tanto por su propio bien como por el de los demás, y las infracciones de estas normas familiares pueden ser legítimamente sancionadas. La investigación solo ha dejado claro que, por cada castigo impuesto como consecuencia de un comportamiento indeseable, debería haber al menos otras cinco ocasiones en las que se recompense la buena conducta.

El primer paso para mejorar la autoestima del niño es restablecer el equilibrio del factor RP. En la mayoría de las familias no fue necesario reducir los castigos, sino aprender a reconocer y valorar con más frecuencia las buenas acciones de los hijos.

 

Los “no” para amar

Sin embargo, es importante no subestimar el gran valor pedagógico de los “no”: los “no” fortalecen el yo; los “no” recuerdan que hay una autoridad; los “no” dan seguridad.

Los “no” de hoy preparan los “sí” de mañana: “sí” al estudio, al trabajo, al deber, incluso cuando la vida muestra los dientes y el sol pega fuerte.

Los “no” ayudan a que los hijos sean más sociables y equilibrados. Un niño sin límites termina siendo un adulto inseguro y difícil de tratar. Por eso, es importante enseñarles que, para llevar una vida ordenada y feliz, deben aprender cada día en la escuela del “no”, donde se fortalecen la voluntad y la capacidad de superar las debilidades.

El conocido experto danés Jesper Juul escribe: “Cuando, durante mi formación como terapeuta familiar, escuché por primera vez la frase: “El no es la respuesta más amorosa de todas”, no la entendí. Solo poco a poco, tras numerosas entrevistas con familias muy diferentes, comprendí el significado más profundo de esa afirmación. Si hoy echo la vista atrás a mi vida privada y profesional, me doy cuenta de que la mayoría de las dificultades y conflictos familiares surgen también porque los miembros de la familia no son capaces de decir no, aunque deseen hacerlo. Porque no definen sus propios límites personales y no se expresan con suficiente claridad, tal vez porque la cultura familiar no lo permite, o porque uno o varios miembros no encuentran el impulso suficiente para hacerlo”.

Con esto no quiero decir que debamos “rechazarnos” más unos que a otros, sino simplemente que a menudo nos preocupamos muy poco por nuestros límites y necesidades individuales, y tendemos a culpar de ello a los demás. El arte de decir “no” también significa asumir la responsabilidad de nuestras propias acciones, en interés de todos.

 

Convertir los “no” en “sí”

El único riesgo es abusar del “no”. Una madre comenta lo que le reprocha su hijo: “¡Siempre dices que no!”. ¿Te resulta familiar? Muchos padres reconocen que su primera respuesta ante las peticiones de sus hijos suele ser negativa. Si te ocurre lo mismo, haz la prueba: cuenta cuántas veces dices “no” en un día. El resultado puede sorprenderte. Cuando se abusa del “no”, los hijos dejan de tomarlo en serio y persisten hasta conseguir un “sí”, generando un clima constante de tensión y conflicto.

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