En este número del Boletín Salesiano presentamos a los Salesianos que trabajan en Guatemala. Seguimos así con el proyecto iniciado en el número anterior de pasar revista a los Hijos de Don Bosco que se encuentran activos en cada país de Centro América.

De esta forma queremos establecer un vínculo entre aquel pequeño grupo de jóvenes que allá en Turín, Italia, hace 150 años aceptó la invitación de Don Bosco de constituirse en una congregación religiosa, y la expansión de de esa misma congregación, que echó raíces fuertes en nuestra región centroamericana.


Guatemala tiene el privilegio de contar con dos dimensiones de la actividad salesiana altamente desarrolladas: las misiones y la formación de nuevas generaciones de salesianos.


Desde los tiempos de Don Bosco los salesianos asumieron el proyecto misionero como parte esencial de su carisma apostólico. Don Bosco envió a la Patagonia, en Argentina, a algunos de sus mejores salesianos para iniciar allá un experimento misionero entre los indios. Actualmente la congregación salesiana atiende campos de misión en América, Africa, Asia, Oceanía y Europa.

 

María: ejemplo de un corazón abierto y disponible

Habitados por Dios, como María, nos vemos a nosotros mismos como llamados y enviados

María se levantó y se puso en camino con prontitud (Lc. 1,39). Pocas palabras, y sin embargo llenas de significado. En estos gestos simples y decididos se revela la estructura interior de un corazón que ha dejado que Dios lo habite de verdad. La de María no es una partida cualquiera: es la respuesta de una vida recogida, de un alma que, porque ha aprendido a escuchar y a discernir, llega después a responder. María, tras vivir la experiencia de la Anunciación, no se detiene a elaborar lo que le acaba de suceder. No se encierra en la intimidad de su propia experiencia, extraordinaria y profunda, guardándola para sí. Al contrario, se deja moldear y guiar por la Palabra. Y se pone en movimiento hacia el otro.

una reflexión profunda y actual sobre cómo se renueva la fe: no a través de la certeza inmediata, sino a través de la escucha, la hospitalidad y la comunión.El relato de los discípulos de Emaús (Lc 24) es una de las páginas más bellas y humanas del Evangelio: dos hombres desilusionados, con la esperanza rota, que caminan lejos de Jerusalén. Y, sin embargo, es precisamente en ese camino oscuro donde se encuentran con el Resucitado sin reconocerlo. A través de tres movimientos —la limitación de la sola razón humana, la pedagogía paciente de Jesús como compañero de camino y el reconocimiento al partir el pan—, este texto nos ofrece una reflexión profunda y actual sobre cómo se renueva la fe: no a través de la certeza inmediata, sino a través de la escucha, la hospitalidad y la comunión.

Educar en la MisericordiaLa parábola del fariseo y del publicano (Lc. 18,9-14), para nosotros educadores y evangelizadores, no es simplemente un relato moral sobre la soberbia y la humildad, sino una revelación profunda sobre cómo Dios sale a nuestro encuentro y sobre cómo estamos llamados a transmitir esta experiencia transformadora.

Un desafío a nuestra humanidad: La riqueza que corre el riesgo de volvernos ciegos y sordosLa parábola del rico y Lázaro (Lc 16,19-31) no trata solo de la distribución de bienes, sino de la condición humana y de cómo la riqueza puede poseernos hasta volvernos ciegos y sordos. El rico no es condenado por robar, sino por su incapacidad de ver y escuchar: vivía encerrado en su propio bienestar, incapaz de reconocer al pobre que agonizaba a su puerta. Su verdadera tragedia fue la indiferencia, que le impidió percibir el sufrimiento de Lázaro, convertido para él en alguien invisible.

 

De la mesa del fariseo al corazón del ministerioHumildad y caridad en la educación y evangelización de los jóvenes

En el capítulo 14 del Evangelio de Lucas, Jesús acepta la invitación a cenar en casa de un fariseo importante y, en medio de un ambiente cargado de apariencias y ambiciones, observa cómo los invitados compiten por los primeros lugares. Ante esta escena, transforma la cena en una enseñanza profunda sobre la humildad y los verdaderos fundamentos del discipulado cristiano.

“Sembrar en la oscuridad” no es una acción ciega o ingenua, sino el acto más realista y fecundo posible, porque se funda en la realidad de un Dios que da sin medida y en el misterio de la libertad humana. La parábola del sembrador, narrada en los Evangelios sinópticos, es una imagen poderosa y fundante del mensaje cristiano. A primera vista, podría parecer una simple alegoría sobre la diversa acogida de la Palabra de Dios. Sin embargo, con una mirada más profunda, revela una verdad radical, especialmente cuando se aplica a los procesos educativos y pastorales.