Cuando se habla de “escuela salesiana” no se piensa solo en aulas, notas y exámenes. Se habla de una forma de educar inspirada en san Juan Bosco, que une fe, educación y cariño para acompañar a cada estudiante en todas las dimensiones de su vida. Desde sus orígenes en Valdocco, la escuela salesiana nació dentro del oratorio, como respuesta concreta a las necesidades de los jóvenes más pobres, y sigue siendo hoy un espacio donde se busca formar “buenos cristianos y honrados ciudadanos”.
¿Dónde está la originalidad de esta propuesta? En primer lugar, en que la escuela se entiende como parte de un proyecto global de educación y evangelización. No se preocupa solo por transmitir conocimientos, sino por ayudar a cada niño, adolescente y joven a descubrir el sentido de su vida, a prepararse para el trabajo y a construir su proyecto personal desde los valores del Evangelio.
Escuela salesiana
Al mismo tiempo, la escuela salesiana es una verdadera “mediación cultural”. A través de las diferentes asignaturas, de los talleres artísticos, del contacto con el mundo del trabajo y de los medios de comunicación, ofrece una formación académica seria, actualizada y abierta a la innovación. No se limita a acumular datos: busca desarrollar pensamiento crítico, creatividad, capacidad de diálogo y sensibilidad ante los grandes retos del mundo de hoy, como la justicia social, la paz y el cuidado de la casa común.
El corazón de esta manera de educar es el Sistema Preventivo de Don Bosco, sostenido por tres pilares: razón, religión y amabilidad. La “razón” invita a educar con normas claras, diálogo y sentido común; la “religión” abre a la experiencia de Dios y al cuidado de la vida interior; la “amabilidad” se expresa en una presencia cercana, en el acompañamiento diario y en un ambiente de familia donde los niños y jóvenes se saben queridos y respetados.
La escuela salesiana también se caracteriza por ser un lugar de evangelización abierto a todos. Desde el aula, el patio, las celebraciones y los proyectos solidarios, se propone una fe que se vive en lo cotidiano: en la amistad, en el cumplimiento del deber, en el servicio a los demás. Al mismo tiempo, promueve el diálogo con la cultura actual, la convivencia entre distintas creencias y la construcción de una ciudadanía responsable y comprometida.
Otro rasgo esencial es su función social. Las escuelas salesianas buscan estar cerca de los sectores populares, ofrecer oportunidades educativas a quienes tienen menos recursos y acompañar especialmente a los alumnos en situación de vulnerabilidad. Programas de becas, apoyo académico, actividades formativas y servicio a la comunidad son algunos caminos para hacerlo realidad.
Finalmente, la escuela salesiana apuesta por una educación de calidad, cercana y personalizada. Se esfuerza por que cada alumno se sienta tomado en cuenta, cuidando sus ritmos y capacidades, y ofreciendo apoyos concretos cuando alguien lo necesita. Trabaja en alianza con las familias y otros educadores, convencida de que la tarea de crecer no se hace en soledad. Así, más que un lugar donde “solo se estudia”, la escuela salesiana se presenta como una comunidad que sueña con los jóvenes, camina con ellos y los prepara para transformar el mundo con esperanza.
- “La escuela salesiana no es solo un lugar donde se estudia, sino una comunidad que sueña con los niños y jóvenes para caminar con ellos.”
- “Su misión es formar buenos cristianos y honrados ciudadanos, uniendo fe, educación y cariño en la vida diaria.”
- “El corazón de la escuela salesiana es el Sistema Preventivo de Don Bosco, sostenido por la razón, la religión y la amabilidad.”