Un Salesiano en Kosovo

Visita al santo Padre. Un salesiano en Kosovo. Aprovecho para contarles la hermosa oportunidad que tuve de saludar personalmente al Santo Padre.

Nuevas misiones.-Todos los fines de semana viajo con Savino a Torre Annunziata, un pequeño municipio al sur de Nápoles a los pies del Vesubio, para encontrar la comunidad que vive en el corazón del lugar y que hoy atiende una parroquia, un oratorio y dos casas de acogida para menores, una experiencia propia de nuestra presencia salesiana en el sur de Italia.

Giuseppe Liano es misionero salesiano de Centroamérica en Kosovo. Después de un período ausente, finalmente vuelvo a escribirles.  Han sido meses llenos de tantas experiencias, mociones, emociones, rostros, lugares, etc. Que para detenerme a describir cada una haría falta un mail larguísimo y que ustedes dispongan del tiempo y la paciencia para leerme. Prefiero ser breve y conciso, para no perderlos como lectores.

La alegría de servir al Señor. Las historias de los misioneros me han siempre fascinado. Su capacidad de donarse enteramente, de llevar la fe como regalo a tantos y el amor ardiente que en ellos vemos, son para mí un modelo de nuestra consagración a Dios. Por eso, desde que entré en la Congregación, me he preguntado ¿por qué no puedo ser como ellos? Y cada vez que me lo preguntaba, sentía como en el corazón se me encendía aún más la llama del deseo por donarme como ellos a las misiones.

Fiesta de resurrección en Kosovo. Esta cuaresma y Semana Santa fue en definitiva muy diferente a todas.

Don Bosco. Imagen disponible en línea. Cuando papá cumplió 25 años como exalumno salesiano, me pidió que lo acompañara a la misa del 31 de enero en el colegio. No recuerdo cómo le dije que sí, pero estoy seguro que jamás olvidaré haberlo visto tan atento al sacerdote, sentado en la banca como si fuera casa suya, siguiendo cada momento con entera devoción y, lleno de entusiasmo, al terminar la misa, unirse al coro, a todo pulmón, para entonar el himno salesiano. El grito “Don Bosco, Don Bosco, acorde infinito…” me caló profundo. Tanto que no perdí la oportunidad para bromear y decirle que se había emocionado. Él, sonriente y casi proféticamente me dijo: “un día lo vas a entender patojo”.