P. Costantino Vendrame (ANS – Ciudad del Vaticano) – El 22 de mayo de 2026 el papa León XIV recibió en audiencia al cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos. Durante la audiencia, el sumo pontífice autorizó al mismo dicasterio a promulgar el decreto relativo a las virtudes heroicas del siervo de Dios Costantino Vendrame, sacerdote profeso de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco, nacido en San Martino di Colle Umberto (Treviso) el 27 de agosto de 1893 y fallecido en Dibrugarh (India) el 30 de enero de 1957.

El padre Costantino Vendrame nace en una familia pobre y de sólidos valores cristianos, probada por la enfermedad y por algunos duelos. Desde muy joven advierte la vocación al sacerdocio y entra, en 1908, en el seminario de la diócesis de Ceneda (Vittorio Veneto) para pasar luego, en 1912, entre los Salesianos de Don Bosco, debido al amor por las misiones y al deseo de partir como misionero.

Novicio en 1913, profeso temporal en 1914 y perpetuo en 1920, se forma en la vida religiosa a través del tirocinio práctico. La Primera Guerra Mundial lo ve como un soldado ejemplar en la fidelidad a su vocación. Ordenado sacerdote el 15 de marzo de 1924 en Milán, el 5 de octubre recibe el crucifijo misionero en Turín, en la Basílica de María Auxiliadora.

Parte entonces hacia el noreste de la India (Assam) y llega a Shillong el 24 de diciembre de 1924. Trabaja como misionero, y casi siempre párroco, en Shillong-Laitumkhrah, Jowai, en Wandiwash en Tamil Nadu (India del Sur) y finalmente en Shillong-Mawkhar, desde 1951 hasta su muerte.

El padre Vendrame se convierte en una figura legendaria: misionero itinerante que recorre a pie distancias inmensas para llegar a los pueblos más lejanos, haciéndose “pobre entre los pobres” y aceptando con una sonrisa el desgaste de las fatigas y los peligros de la vida apostólica; hombre de diálogo, que con su caridad atrae a miles de almas a Cristo, evangelizando pueblo por pueblo, choza por choza. Su figura era estimada no solo por los cristianos, sino también por hombres de otras profesiones religiosas, que lo consideraban un verdadero “hombre de Dios”.

Forzado a una interrupción forzosa durante el Segundo Conflicto Mundial, ciudadano italiano en suelo del Imperio británico, es recluido con muchos otros primero bajo custodia de los gurkhas, luego en Deoli, finalmente en Dehra Dun; en aquel aparente inmovilismo revela una fuerza que consuela y sostiene.

Afectado por artrosis incluso en la columna vertebral y probado por dolores lancinantes hasta el desmayo, vive bajo el signo de una entrega total los últimos meses, internado en Dibrugarh, fallece en la víspera de la fiesta de san Juan Bosco: el 30 de enero de 1957.

Los funerales son un triunfo de fe y gratitud. Lo había acompañado, en vida, una difundida fama de santidad y signos, y ha sido comparado con san Pablo, san Francisco Javier y san Vicente de Paúl. De él se dijo: “Recordamos al padre Vendrame como un sacerdote que nos ha amado con el corazón de Cristo, cálido y humano, fuerte y fiel, dispuesto a dar su vida por nosotros”.

La noticia de la venerabilidad fue acogida con gran alegría en su pueblo natal, San Martino di Colle Umberto, y por la diócesis de Vittorio Veneto, que siempre han promovido y animado con gran pasión la causa de beatificación de su conciudadano.

También la arquidiócesis de Shillong y la Familia Salesiana del Nordeste de la India se alegran por este reconocimiento que confirma una historia de gran acción misionera y de santidad vivida con el espíritu apostólico de Don Bosco.

“La venerabilidad del padre Vendrame –declaró el padre Pierluigi Cameorni, postulador general para las Causas de los Santos de la Familia Salesiana– es el reconocimiento de un misionero de esperanza entre las las personas. A través del contacto personal ha transmitido el amor del Corazón compasivo del Señor, convencido de que ‘el Corazón de Cristo [...] es el núcleo vivo del primer anuncio’ (Lett. enc. Dilexit nos, 32). Bebiendo de esta fuente, ha llevado con ardor apostólico la misma consolación de Dios, que abraza al mundo entero. Merece finalmente ser recordado que la venerabilidad del padre Vendrame es reconocida durante la novena de Pentecostés y la de María Auxiliadora, que este año coinciden. El padre Vendrame, de hecho, además de ser un ardiente apóstol del Sagrado Corazón, ha sido un misionero dócil a la acción del Espíritu Santo y un hijo devoto de la Auxiliadora, con el espíritu de Don Bosco”.