Rector-Mayor-1Don Bosco narra:

Gracias a las presencia de mi madre, en la antigua casa Pinardi (donde tuvo inicio la obra salesiana) reinaba un genuino estilo de relaciones humanas, hecho de calor paciente, de comprensión y corrección, en perfecto estilo de familia. Con tanta gente en casa la disciplina era necesaria para evitar que el ambiente fuera un manicomio incontrolado. Disciplina reducida a lo mínimo, pero “cuentas claras y chocolate espeso”, como mi madre, con su innata sabiduría popular, condensaba las conclusiones.

 

Transcurridos muchos años y teniendo tras de mí una experiencia rica de buenos resultados, podía afirmar que “con los muchachos es castigo lo que se hace pasar como tal”. Quería decir que un castigo debe servir para mejorar las cosas y no empeorarlas. Una breve sustracción de afecto, una mirada  triste, una actitud más reservada y seria, una palabrita al oído dicha con dulzura y paciencia eran medios de que me servía para corregir y encauzar posibles actuaciones equivocadas. 

luxfuego

Con sus gestos, sus actitudes y sus intervenciones el papa Francisco ha iluminado la mente, ha puesto fuego en el corazón y ha robustecido la voluntad de todos para ser de verdad “discípulos y misioneros de Cristo”, enviados al mundo, sin miedo, para servirlo y transformarlo. {nomultithumb}

RM1Volviendo de Barcelona y de París

Esa noche de 12 de mayo de 1886 había llegado a Grenoble cansado y deshecho tras un largo viaje que, en tres meses, me había llevado de Turín a Francia y España. Auténtico tour de force, porque en Roma la construcción del templo en honor del Sagrado Corazón no adelantaba por falta de fondos. 

Había sido amablemente recibido por el rector del seminario quien, preocupado al ver mi lamentable agotamiento, me había dirigido fraternales palabras de aliento: “Padre reverendo, nadie mejor que usted sabe cuánto el sufrimiento santifica”. A lo que yo me había permitido corregirlo, afirmando que “lo que santifica no es el sufrimiento, sino la paciencia”. No era una frase dicha solamente por decir, era la síntesis de mi existencia, trabajada y sufrida: 71 años que pesaban en ese momento en mis hombros y me habían reducido a “un ser muerto de cansancio”, como pocos días antes me había definido el autorizado Dr. Combal en Montpellier, cuando había venido a visitarme, repitiendo las mismas palabras que me había dicho en Marsella en marzo de 1884.

rectormayor1Ya desde muchacho Juan Bosco poseía el don de la comunicación eficaz. Un don personal: el encanto de la palabra, el arte de la narración heredada de una rica tradición oral arcaica, puesta al servicio de la misión en función educadora y pastoral.

Al narrar su experiencia de muchacho rodeado por sus compañeros, escribe: “Lo que los reunía en torno a mí, y les encantaba hasta la locura, eran las narraciones que les presentaba. Los ejemplos escuchados en los sermones y en las catequesis, la lectura de los Reales de Francia, del Guerrin Mesquino, de Bertoldo y Bertoldino me ofrecían mucho material. En cuanto mis compañeros me veían, corrían en bandada para oír contar algo por quien a duras penas comenzaba a entender algo de lo que leía. A ellos se añadían varios adultos. A veces, al ir y volver de Castelnuovo, en un campo o en un prado, yo estaba rodeado por centenares de personas que llegaban a escuchar a un pobre muchacho quien, excluyendo algo de memoria, era ayuno de ciencia, pero lucía para ellos como un  gran doctor”.

rectormayor1El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, visitando Brasil el 19 y 20 de marzo 2011 para ampliar y mejorar las relaciones político-comerciales entre ambos países, en la charla a los hombres de negocios recordó el sueño de Don Bosco acerca de la ciudad de Brasilia.

Lo hizo al concluir su charla de unos veinte minutos, diciendo:  “Brasilia es una ciudad joven,  de 51 años apenas, pero tuvo inicio hace más de un siglo: en 1883 Don Bosco tuvo la visión  de  que un día la capital de un grande país sería construida entre los paralelos 15 y 20, sería  el modelo del futuro y garantizaría oportunidad a todo ciudadano brasileño”.

Rm«Ya cuando me encontraba en la iglesia de San Francisco de Asís, advertí la necesidad de una escuela. Hay muchachos bastante avanzados en edad que ignoran todavía las verdades de la fe. Para éstos, la pura enseñanza verbal resulta larga y, casi siempre, pesada, por lo que fácilmente terminan por abandonarla. Se intentó darles algo de clases, pero no se pudo por falta de locales y maestros aptos que nos quisieran ayudar. En el Refugio y, más tarde, en la casa Moretta, iniciamos una escuela dominical estable e, incluso, una escuela nocturna regular al trasladarnos a Valdocco. Para obtener ciertos resultados se enseñaba una sola materia a la vez. Por ejemplo, un domingo o dos se impartía o repasaba el alfabeto y el silabeo; a continuación, se tomaba el catecismo elemental, en él, se hacían ejercicios con las sílabas hasta que fueran capaces de leer una o dos de las primeras preguntas del catecismo; y esto servía de lección durante la semana. De esta forma, pude conseguir que algunos lograran leer y estudiar por sí mismos páginas enteras del catecismo» (Memorias del Oratorio, 132).

basilicademariauxilaidora

Una tibia noche de mayo de 1862, a los jóvenes del Oratorio que lo escuchaban con atención Don Bosco les narró: Imagínense que están conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escollo aislado, sobre el cual no ven más tierra que la que tienen debajo de los pies. En toda aquella superficie líquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla, cuyas proas terminan en un afilado espolón de hierro a modo de lanza. Dichas naves están armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases, de material incendiario y también de libros, y se dirigen contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos hacerle el mayor daño posible.

rectormayorLa importancia de los ambientes de vida y de las personas en la formación del joven Don Bosco

“Recuerdo, y es el primer hecho de la vida del que guardo memoria, que todos salían del cuarto del difunto, y yo quería absolutamente quedar allí».

 «Ven Juan, ven conmigo», repetía la apenada mamá. 

«Si no viene papá, no quiero ir», contesté.

«Pobre hijo – volvió a decir mi madre – ven conmigo, tú ya no tienes padre». 

Dicho esto rompió en un fuerte llanto, me tomó de la mano y me llevó a otra parte, mientras yo lloraba porque ella lloraba”. 

Maternidad educativa y sacerdotal
La vocación de una mamá viuda

Madre heroica, educadora sabia, buena consejera  del carisma salesiano naciente. | M. Durán“¿Una mujer perfecta quién podrá hallarla? Muy superior a las perlas es su valor… Sus hijos se levantan para proclamarla bienaventurada” (Proverbios 31, 10.28). Margarita vive su camino de fe en la elección matrimonial casándose con Francisco Bosco, que ha quedado viudo a los 27 años de edad. Celebran sus bodas en la parroquia de Capriglio el 6 de junio de 1812, intercambiándose el anillo nupcial a los pies del altar durante el ofrecimiento del santo sacrificio.