MeditacionLa parábola del trigo y la cizaña describe al espíritu del mal movilizándose clandestinamente, al amparo de las tinieblas, mientras los campesinos “dormían”.

YarutaUn amigo del joven san Luis Gonzaga quiso hacerle una broma.
Mientras estaban jugando alegremente, le dijo: “¿Qué pasaría si te dijeran que dentro de dos horas vas a morir?”.

meditacion228No podemos acercarnos a la Biblia como a un libro de ciencia, a una novela, a un libro de historia. Hay una gran diferencia. Aquí se está caminando sobre terreno santo. Hay que descalzarse. Ponerse de rodillas. De otra forma no se logra oír la voz desde la zarza ardiente. La voz de Dios, que “descubre sus secretos a los sencillos, y los esconde a los sabios y entendidos” ( Mt 11, 25).

La letra mata; pero el Espíritu es el que da vida.Un cuadro muy ilustrativo. Un cortesano de Etiopía va en su carruaje leyendo las Escrituras. Se topa con el pasaje del capítulo 53 del profeta Isaías. Se habla de un cordero que es llevado en silencio al matadero. Lleva sobre sí los pecados de todos.

meditacion 1La clase magistral acerca de los pasos que deben darse en una conversión, la dio Jesús cuando narró la parábola del hijo pródigo.

La semilla del reino cae en el corazón de piedra y no logra producir frutos.Uno de los problemas graves de nuestra iglesia es que hay una tendencia a confundir emoción con conversión. La jovencita que, sin estar casada, queda embarazada corre a un confesionario; pero pronto se detecta que no está “convertida”, sino “asustada” por las consecuencias de su estado anormal. La jovencita no ha roto sus relaciones ilícitas con su novio; pero quiere que se le dé la absolución de su pecado.

La conversión necesariamente debe llevar a un romper las amarras del pecado. De otra forma, no puede implantarse en nosotros el reino de Dios. Por eso Juan Bautista, en vísperas de la predicación de Jesús, insistió hasta la saciedad en que debían convertirse, si querían que el reino de Dios llegara a ellos. Las primeras palabras de Jesús, al iniciar su evangelización, según san Marcos, fueron: “El reino de Dios ha llegado a ustedes, conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15).

Cuando la encuentra, no la reprocha.Al platicar con mucha gente, he detectado que muchos tienen una idea deformada acerca de Dios. Seguramente se debe a una educación religiosa mal enfocada; a una mala presentación de Dios. Muchos, a Dios lo tienen como Alguien lejano, duro, vengativo. La revista católica de España, “Vida Nueva”, llevó a cabo una encuesta acerca de la imagen de Dios que tienen los españoles. El resultado no fue nada halagador. La mayoría de los españoles tienen una imagen “poco cristiana” de Dios. No es nada raro, entonces, que muchas personas tengan que revisar qué imagen tiene acerca de Dios. Muchos tendrán que purificar más esa imagen deformada, a la luz de la Biblia.
Ningún hombre podría nunca decirnos con toda precisión cómo es Dios. Es Dios mismo el que se encarga de eso. Nosotros creemos en una religión “revelada”; partimos de que Dios nos ha hablado y nos continúa hablando.

María, madre de la Iglesia

Si en el Calvario Jesús solamente hubiera querido dejar a su madre al cuidado del apóstol Juan, hubiera bastado con que dijera: “ Hijo, he ahí a tu madre “(Jn 19,27 ). Pero Jesús se dirigió también a María y le dijo : “ Mujer , he ahí a tu hijo “ (Jn 19,26). San Juan muestra con toda claridad que Jesús en sus últimos momentos quiso nombrar a la Virgen María como madre espiritual de la iglesia. El apóstol Juan junto a la cruz representaba a la iglesia. Ahora Jesús ya no iba a estar físicamente en la tierra: solo iba a quedar el “Jesús místico”, la iglesia. Jesús le encomendaba a su madre que hiciera de madre del Jesús místico, la iglesia, que quedaba ahora en el mundo.

meditacion 4El profeta Zacarías escribió, refiriéndose al futuro Mesías: “Mirarán al que traspasaron “(Zc l2,l0). El soldado que atravesó con su lanza el costado de Cristo no sabía que ya estaba profetizado este dato en la Escritura.

Jesús es entregado por la misericordia de Dios para que pueda borrar el pecado del mundo.Se ha dicho que en Juan 3,16 se resume todo el mensaje de la Biblia, que habla de la misericordia infinita de Dios. Ese mensaje lo recibió el fariseo Nicodemo cuando fue a visitar de noche a Jesús. Según él, Jesús lo iba a felicitar; le iba a dar una palmadita en el hombro y le iba a decir: “Muy bien; eres un santo”. En cambio, Jesús le pasó como una aplanadora encima, cuando le dijo que si no volvía a nacer del agua y del Espíritu, no podría ingresar en el reino de los cielos.

tm8 verLa carta a los Hebreos dice que la Palabra es “viva y eficaz” (Hb 4,12). Lo que viene a concordar con lo que decía San Pablo, que la Palabra de Dios es “operante”. Una vez dentro de nuestro corazón continúa sus efectos benéficos de largo alcance.

Med217Hace algunos años cuando una persona de alto nivel cultural me decía que no entendía la Biblia, me quedaba bastante intrigado. Propiamente no sabía darle una contestación que me dejara tranquilo a mí mismo. Una vez, vi con sorpresa cómo un sencillo indígena predicaba, con la Biblia en la mano, a más de cinco mil personas. Aquel sencillo indígena apenas sabía leer. Ni siquiera había terminado la primaria.
Con asombro mío veía cómo manejaba la Biblia: iba del Nuevo Testamento al Antiguo y viceversa. Sus comparaciones eran de tipo campesino, muy vistosas y muy prácticas. Todos lo seguían con mucha atención. Se sentía que allí estaba hablando Dios a la asamblea. Esto vino a echar por tierra muchos de los conceptos que yo tenía acerca de “entender” la Biblia.

Un día quedé muy complacido con la respuesta que encontré en la misma Biblia con respecto a eso de “entender” la Biblia. San Pablo -que era un intelectual- dice claramente, en su primera carta a los Corintios, que el hombre “no espiritual” no puede comprender las cosas que son de Dios. “Aquí está la clave”, me dije. La Biblia tiene un lenguaje espiritual; solo lo logran comprender los que dejaron de ser “hombres carnales” para convertirse en “hombres espirituales” (vea 1 Co 2,14). El lenguaje propio de la Biblia sólo lo puede comprender el que ya se “acostumbró” al lenguaje de Dios. Aquí no valen los títulos universitarios. Aquí lo que cuenta es “la espiritualidad” de la persona. Alguien puede ser un teólogo famoso, que deslumbra con sus disquisiciones acerca de la Biblia; pero puede ser que “no logre oír la voz Dios”. El sencillo obrero, que con fe se acerca a la Biblia, aunque no tenga estudios especiales, puede ser que “escuche con claridad la voz de Dios”.

La Biblia no es un libro fácil desde un punto de vista técnico, intelectual; pero Dios tiene la cualidad de ser un “gran comunicador”; durante muchos siglos se ha especializado en hacerse entender por el hombre de “buena voluntad”. Jesús mismo lo dijo: Dios esconde sus secretos a los llenos de sí mismos, y los revela a los “humildes” (vea Mt 11,25). Para acercarse a la Biblia, no se necesita ser una “lumbrera” de ciencia; basta “hacerse como niño”, y Dios se encarga de que su hijito lo escuche con claridad y lo comprenda. Dios tenía algo muy importante que comunicarle a Moisés, pero solo entregó su mensaje hasta que Moisés obedeció la orden de “quitarse las sandalias”. Dios le advirtió que estaba caminando sobre terreno sagrado. Cuando Moisés obedeció, ya pudo oír perfectamente cuál era la voluntad de Dios para él (vea Ex 3,5-6). La puerta de entrada para ingresar en la Biblia es la “humildad”. Confío en Dios y no en mi “sabiduría”. Me descalzo ante él. Descalzarse significa dejar a un lado lo malo que es como un “tapón” en mis oídos: me impide oír la voz de Dios.

Un médico me contaba que cuando leía el evangelio de San Juan no podía dejar de llorar. Le pregunté que desde cuándo le sucedía eso. Me respondió que había sido después de un retiro espiritual en el que se había arrepentido sinceramente de toda su vida pasada de pecado. Muy claro: ahora ese médico había dejado de ser “hombre carnal”; había comenzado a ser “hombre espiritual”. Se había abierto su oído. La ciencia del médico era la misma de antes. Lo que había cambiado era su oído: ya no estaba obstruido por el pecado.

El que abre el corazón
Antes de despedirse de sus apóstoles, en la Ultima Cena, Jesús les decía que “tenía muchas cosas más que decirles”, pero que “no estaban preparados para comprenderlas”; que les enviaría al Espíritu Santo y él los ayudaría “y los llevaría a toda la verdad” (vea Juan 16,43). Al Espíritu Santo lo llamamos PARACLITO, que significa: “Ayudador”, “abogado”. El ha sido enviado para que de la mano nos introduzca en la Palabra de Dios. Para que nos “convenza” de pecado, primero, y luego nos “lleve a toda la verdad”.A la Biblia no podemos ingresar solos: necesitamos la compañía del Espíritu Santo. El libro del Apocalipsis presenta a Jesús como un Cordero a quien se le entrega el poder de romper los sellos del libro sellado: La Biblia. Jesús -ya lo dijo- nos concede el don de su Santo Espíritu para que en su compañía vayamos rompiendo, uno a uno, los sellos del libro, y podamos internarnos en la Palabra de Dios.

En el libro de Hechos se narra el caso de Lidia, una vendedora de púrpura. Un día, Pablo estaba predicando a la orilla de un río. Aquella mujer con la mejor disposición se sentó para escucharlo. De pronto, el Espíritu Santo le abrió el corazón. Lidia, inmediatamente, pidió que la bautizaran (vea Hch. 16,14). Dios le había hablado. Había aceptado la salvación de Jesús, que Pablo estaba predicando. El Espíritu Santo es el encargado de “abrir el corazón”, porque la palabra de Dios se escucha con el corazón. El salmo 119 dice: “Abre mis ojos para que contemplen las maravillas de tus enseñanzas” (v.18). Antes de internarnos en la palabra, lo primero que debemos hacer es invocar al Espíritu Santo para que nos abra el corazón, para que nos “lleve a toda la verdad”, que Dios nos quiere manifestar por medio de su palabra.

La Biblia sin la presencia fuerte del Espíritu Santo, continúa siendo un libro “sellado”, ininteligible. El sabio puede captar en la Biblia los aspectos literarios, sicológicos, históricos; pero con su sola inteligencia no puede oír a Dios que habla. Eso es obra del Espíritu Santo para los de “buena voluntad”, que antes de atreverse a entrar en ese “terreno sagrado”, se descalzan y le piden al Espíritu Santo que los acompañe.

MEditacion-4En la novela española «El diablo cojuelo», hay un personaje que va por encima de las casas levantando los tejados y observando lo que hay adentro. Si tuviéramos el poder de este curioso personaje, quedaríamos asombrados al ver tanta amargura, tanta desilusión, tanta frustración en muchos hogares. 

Un siquiatra de Estados Unidos afirmó que el 75% de los matrimonios de ese país son «desdichados». Es algo que deja sin aliento. No cabe duda de que una epidemia maléfica está desbaratando nuestras familias. Nuestros hogares, cada vez más, se están convirtiendo en pequeños hoteles a los que los miembros de la familia casi solo llegan a comer y a dormir. Allí se ve televisión, se leen los periódicos, se escucha música; pero casi no se platica; se gritan mucho unos a otros; el diálogo casi ha desaparecido por completo. ¿Que les estará pasando a nuestras familias?