IMG 7072 Hay veces que es difícil encontrar un principio, son días que pienso en cómo empezar y paso el tiempo en frente de una página blanca a descartar hipótesis.

Creo que el principio de mi experiencia misionera no tiene un comienzo, porque todas las decisiones de mi vida me han traído aquí. Y estoy feliz de poder decir lo que aprendo de la gente Q'eqchi.

Aunque es tarde es bueno comenzar con las presentaciones, me llamo Vittorio Castagna y soy salesiano sacerdote y misionero desde el septiembre del 2010, cuando el Rector Mayor de los salesianos me enviò a Centroamérica.

Llegado al final de noviembre a Carchá, descubrí que no hay fin a la maravilla. El mundo Q'eqchi te atrapará desde el principio, sus colores, olores y sonidos, entran y forman parte de ti, y para hacer todo más surrealista la sonrisa de los niños te hace sentir curiosamente en tu casa.

La primera cosa que aprendí de los Q'eqchi es su hospitalidad. Proveniente de un país extranjero y ni siquiera saber español, me dieron la bienvenida como uno de ellos. Todavía recuerdo como si fuera ayer mi primera visita a una aldea, me sentí emocionado y no sabía lo que me esperaba.

El Padre Alfonso Friso, un gran misionero, que había hecho la propuesta de que lo acompañara, me dijo mucho acerca de cómo comportarse y qué hacer, él tenía más de 40 años de misión, en definitiva, un monumento misionero. En primer lugar, el viaje parecía una eternidad, pero llegado a mi destino me quedé sin palabras.

El Padre Alfonso aún no había estacionado y  la gente ya había llegado a tomar su maleta de la misa y de inmediato nos invitaron a tomar café. Me sentí acogido como un obispo o una persona famosa, había gente mirando si había comido o no, y todo el mundo me miraba con respeto. Inmediatamente pensé en el esfuerzo de estas personas, hombres y mujeres sencillos, pero con un corazón que no se encuentra en otros lugares.

Los Q'eqchi tienen clara la importancia de acoger, para ellos es algo más que las buenas maneras, es simplemente su forma de ser.

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