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Las doce piedras de Josué PDF Imprimir
Escrito por Bruno Ferrero   
Domingo, 01 de Noviembre de 2009 00:00

educardb1Es bueno dejar a los hijos e hijas recuerdos útiles para la vida, útiles para actuar y útiles para tomar decisiones, sobre todo -como en nuestro caso- en lo que tiene que ver con la formación religiosa.

Las piedras de la memoria

Una extraña orden fue impartida por Dios a Josué cuando éste, sucediendo a Moisés, se preparaba para guiar al pueblo hebreo a través del Jordán, hacia la Tierra Prometida: “Elijan entre el pueblo doce hombres, uno por cada tribu, y ordénenles que tomen doce piedras de aquí, del medio del Jordán, en el lugar donde están inmóviles los pies de los sacerdotes, y las transporten y coloquen donde pernoctarán esta noche”. Josué convocó los doce hombres que había designado entre los israelitas, uno por cada tribu, y les dijo: “Pasen delante del arca del Señor, su Dios, en medio del Jordán y carguen sobre los hombros de cada uno una piedra, según el número de las tribus de los israelitas, para que sea una señal en medio de ustedes, porque el día de mañana sus hijos les preguntarán qué significan para ustedes esas piedras. Entonces les responderán...” (Jos 4,1-6).

Cada vez menos hijos encuentran adultos capaces de dejar piedras de la memoria para orientar sus caminos. También la catequesis se ha empobrecido, convirtiéndose muchas veces en algo muy técnico y “escolástico”. ¿Cuáles podrían ser las piedras de la memoria para nuestro tiempo? Podemos proponer algunas... Con ellas, los padres y madres pueden construir un altar donde sus hijos puedan discernir un horizonte espiritual.

Algunas piedras...
La primera piedra es, naturalmente, la fascinación de lo espiritual, como un componente vital e irrenunciable de la persona. Es una forma de descubrir la piedra fundamental sobre la que se apoyan todas las otras piedras.

El asombro por la belleza y la grandeza de la creación. Los niños, adolescentes y jóvenes tienen que llegar a percibir el regalo que significa la naturaleza, la inteligencia, las capacidades sorprendentes de la persona humana, y sobre todo del cuerpo humano, que no es un objeto para poseer, sino la expresión más íntima y real de la propia persona, digno de todo respeto, porque también Dios, en su Hijo Jesús, se encarnó y tuvo un cuerpo.

El agradecimiento por los cinco sentidos y una buena relación con la naturaleza y las personas. Cuando Santa Catalina vio el mar por primera vez, escribió a un amigo que había vislumbrado qué significa que Dios es amor. El amor de Dios es el vasto mar en el que navegamos.

La realidad del tiempo. El tiempo es un recurso no renovable: corre implacable y los seres humanos, con toda su prosopopeya, no tienen ningún poder sobre él. También los más pequeños pueden comenzar a reflexionar sobre el hecho de que este trozo de tiempo que llamamos vida nos ha sido regalado con una finalidad y que, ciertamente, alguien nos pedirá cuenta de lo que hemos hecho. Un signo puede ser un calendario para vivir juntos, con las fiestas y los aniversarios, las alegrías y los compromisos. Es un medio para sentirnos “dueños” del tiempo.

Los padres y madres tienen que ayudar a sus hijos e hijas a descubrir que la Biblia no es un libro como los otros. Hay que evitar transformarla en una especie de contenedor mitológico. Tiene que ser un lenguaje que hable de Dios, de la vida de las personas y de su relación con Dios y con los demás. La Biblia es el libro que da a la familia momentos de fuerte intimidad espiritual, el libro que se usa para rezar. El libro al que es fácil aficionarse, simpático, lleno de sorpresas.

Allí, padres, madres, hijas e hijos encuentran a Jesús. Él es el centro de todo lo creado y el centro de nuestra existencia: los niños y niñas tienen que sentir la historia de Jesús como un acontecimiento real e histórico. Encontrarse con Jesús significa encontrar el camino para llegar a otras dos “piedras fundamentales”.

La primera es Dios. Jesús ha venido para que los seres humanos podamos conocerlo. Dios es el “metro” con que se mide todo. Pero es muy fácil engañar a los niños sobre Dios. La tendencia es hablar de él como de una especie de Papá Noel todo amor, inofensivo y, por lo tanto, inútil. Es absolutamente vital descubrir la inmensidad y la omnipotencia de Dios. Cuanto más se siente la grandeza de Dios, más se percibe el increíble significado de que Dios se interese personalmente de mí y me ame. Sólo así puede surgir el coraje del testimonio de un modo de vivir que hoy está fuera de moda. Y también un renovado sentido de lo “sagrado”.

Y la segunda es la Iglesia. La Iglesia tiene mala publicidad, y los niños, adolescentes y jóvenes casi no sienten hablar de ella sino en términos ásperos y, a menudo, ridículos. Se acepta voluntariamente a Jesús, pero sólo se puede ser “amigo de la Iglesia” con miles de objeciones.

educardb2Para muchos, la Iglesia es sólo una vaga referencia burocrática, con arrastres genéricos y tradicionales. Padres e hijos tienen que participar en la vida de la Iglesia, sintiéndola gradualmente como un milagro: en la Iglesia encuentran real y físicamente a Dios, sus dones, su gracia, su perdón. Allí reciben el apoyo y el alimento para crecer en la fe y dar una respuesta autorizada a las preguntas de la vida.

Los niños y niñas necesitan descubrir el por qué del mal y del dolor presentes en el mundo, y tener una convincente presentación del sentido de la vida. Un prejuicio duro de morir quiere hacer creer que el cristianismo no tiene nada que ver con la alegría de vivir. Pero, ¿qué clase de Buena Noticia sería el Evangelio, si es tan difícil ir al cielo y tan fácil ir al infierno? Una curiosa forma de pudor impide a muchos hablar del Cielo. Santo Tomás de Aquino afirmaba que la felicidad es uno de los nombres de Dios. Una esperanza confiada y gozosa es el termómetro de nuestra fe.

 

La Iglesia tiene mala publicidad, y los niños, adolescentes y jóvenes casi no sienten hablar de ella sino en términos ásperos y, a menudo, ridículos.

 

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