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Vocación de Gedeón |
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Luis Corral En aquellos días, los hijos de Israel hicieron lo que desagradaba al Señor, y el Señor los entregó durante siete años en manos de Madián, y la mano de Madián pesó sobre Israel. Para escapar de Madián, los israelitas utilizaron las hendiduras de las montañas, las cuevas y las cumbres escarpadas. Cuando sembraba Israel, venía Madián con Amalec y los hijos del oriente, subían contra Israel y acampaban en sus tierras hasta la entrada de Gaza. No dejaban víveres en Israel, ni ovejas ni bueyes ni asnos, porque subían numerosos como langostas, con sus ganados y sus tiendas. Ellos y sus camellos eran innumerables e invadían el país para saquearlo. Así Madián redujo a Israel a una gran miseria y los israelitas clamaron al Señor. Vino el ángel del Señor y se sentó bajo el terebinto de Ofrá, que pertenecía a Joás de Abiezer. Su hijo Gedeón estaba trillando el trigo en el lagar para ocultárselo a Madián, cuando el ángel del Señor se le apareció y le dijo: “El Señor está contigo, valiente guerrero”. Gedeón contestó: “Perdón, señor mío. Si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ocurre todo esto? ¿dónde están todos esos prodigios que nos cuentan nuestros padres cuando dicen: “Acaso no nos sacó el Señor de Egipto”? Pero ahora el Señor nos ha abandonado, nos ha entregado en manos de Madián.” Le respondió Gedeón: “Perdón, señor mío, ¿cómo voy a salvar yo a Israel? Mi clan es el más pobre de Manasés y yo el último en la casa de mi padre.” El Señor le respondió: “Yo estaré contigo y derrotarás a Madián como si fuera un solo hombre”. Gedeón le dijo: “Si he hallado gracia a tus ojos, dame una señal de que eres tú el que me hablas. No te marches de aquí, por favor, hasta que yo vuelva. Te traeré mi ofrenda y la pondré delante de ti.” El respondió: “Me quedaré hasta que vuelvas.” Gedeón se fue, preparó un cabrito y, con una medida de harina, hizo unas tortas ácimas; puso la carne en un canastillo y el caldo en una olla y los llevó bajo el terebinto. Cuando se acercaba, le dijo el ángel del Señor: “Toma la carne y las tortas ácimas, ponlas sobre esa roca y vierte el caldo.” Gedeón lo hizo así. Entonces el ángel del Señor extendió la punta del bastón que tenía en su mano y tocó la carne y las tortas ácimas. Salió fuego de la roca, consumió la carne y las tortas, y el ángel del Señor desapareció de su vista. Entonces Gedeón se dio cuenta de que era el ángel del Señor y exclamó: “¡Ah, mi señor, el Señor! ¡He visto cara a cara al ángel del Señor!” El Señor le respondió: “La paz sea contigo. No temas, no morirás.” Gedeón levantó en aquel lugar un altar al Señor y lo llamó “el Señor es la paz”.
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