Economía y pobreza

 


Foto:BSCAM

Cardenal Oscar Rodríguez
Maradiaga


Trabajar con la economía no es fácil. La historia demuestra que ella siempre ha sido -junto con la fuerza armada- la expresión más plástica del poder y del dominio.

La economía marca el ritmo de la historia. Cuando logra unirse a ideas “humanizantes” presenta grandes momentos de “ascenso del hombre”; cuando no, facilita ver el perfil inconfundible de quienes convocan al “sálvese quien pueda”.

La gran avenida que condujo de la “recolección” al “abasto”; de la previsión a la planificación; del excedente usado para dar nacimiento en Lübeck a los hospicios y obras de beneficencia a favor de los pobres que, al verse asistidos y atendidos, jamás fueron factores de disturbio público; y si seguimos adelante, el desarrollo de la ciencia y de la tecnología nada tienen de qué avergonzarse si nacieron de mano de una “economía creadora”.

Pero de repente todo cambió. A la previsión la sustituyó la acumulación. A la distribución, el egoísmo. A la conmutación, el ¿“acaso soy yo el que debe cuidar de él”? A la equidad, el “sálvese quien pueda”. Al “derecho de uso”, el “derecho de abuso”. Al desinterés, la usura. A la caridad, la generosidad, la filantropía la sustituyó una economía que no puede “donar” ni “dar” para no poner en riesgo los precios.

No hay economía buena ni mala. Hay seres humanos buenos y malos y son ellos los responsables; seres humanos con valores, anti-valores o contravalores y son ellos los responsables.

Bastaría tomar las expresiones que se han dado para significar la “economía” y poder desde ahí observar la crítica social que a ella hace referencia: capitalismo salvaje, cooperativismo, mutualismo, liberalismo económico, economía social de mercado, economía de mercado, economía de consumo, capitalismo social etc.

Todas llevan detrás una filosofía; una concepción de la sociedad y de la historia; mejor aún una concepción de lo que significa “ser humanamente” en el mundo.

Hay quienes piensan que son una minoría en el mundo que “merecen” que los demás se sacrifiquen por ellos; esos son los que nacieron como acreedores. Hay otros que amplían el círculo y se van volviendo más incluyentes y entonces hablan de “economía de participación” y diseñan –en el peor de los casos- que se coma tanto en la mesa del rico Epulón que caiga lo suficiente al piso para que Lázaro se alimente.

Entonces se habla de “economía para la abundancia” o de la “copa llena para todos”.

Pero hoy, con el auge de la globalización, con la disminución del número de ricos y con la ampliación del número de pobres y de excluidos; hoy cuando no hay duda de vivir en el mayor auge de la riqueza y en la mayor expresión cierta de la pobreza, no hay subterfugio que valga y es por ello que hablamos de “economía salvaje” que es la verdadera “arma de destrucción masiva” en el mundo contemporáneo.

 


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