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Polígono Don Bosco San Salvador, El Salvador. Desde 1989. |
![]() Foto: BSCAM Heriberto Herrera De cómo una comunidad marginada se levanta con duro esfuerzo de su condición inhumana, gracias a la fe en sí misma cristalizada en el trabajo tenaz que hace de sus habitantes pequeños empresarios decididos a construir su propio destino. Vistos así de repente dejan la impresión de ser jóvenes comunes y corrientes. Es la hora del almuerzo y más de un centenar de ellos esperan educadamente que se inicie la distribución de la comida. Ellas visten un uniforme de colegialas que les sienta bien. Ellos, un sencillo uniforme de camisa y pantalón. Todos lucen limpios, algo tímidos, pero abiertos al diálogo. Son los mejores alumnos del Instituto Técnico Obrero Empresarial ITOE del Polígono Don Bosco. El coordinador escolar de este singular centro educativo me aclara que la gran mayoría de los alumnos está familiarizada con la violencia, los conflictos con la ley, el tráfico de drogas o de armas. De hecho el ITOE forma parte de la Comunidad Iberia, un conglomerado nacido de la emigración del campo a la ciudad provocada por la guerra civil. Es una de las zonas más calientes de San Salvador. El ITOE tiene una fórmula mágica para abrir estos jóvenes a la dignidad y a la esperanza: el Sistema Preventivo de Don Bosco. Pero hay también trucos pedagógicos inteligentes. Cada estudiante interno paga diez dólares al mes. Esta cuota va a una cuenta abierta a nombre del alumno. Si logra terminar el bachillerato, recibirá lo acumulado en sus años de estudio. Si deserta del colegio, pierde la suma. Es un poderoso estímulo para quien estudiar es una novedad. Este singular centro educativo trata de retener a sus alumnos de la mañana a la tarde con tareas absorbentes y atractivas: clases y talleres. Así disminuye el riesgo de que sean contagiados por el ambiente circundante de violencia y vicio. Pero el ITOE es una de las últimas fases de un desarrollo humano más amplio. Cuando el Padre José Moratalla, popularmente conocido como Pepe, hace 20 años comenzó a frecuentar este sitio, se encontró con un conglomerado triste de champas de lata y gente marginada. El primer paso fue sentarse a conversar con sus nuevos amigos, escucharlos y proyectar algún esfuerzo en común. Los sueños comenzaron a materializarse en pequeñas empresas que fueron surgiendo apretaditas, al borde de un barranco: metalmecánica, aluminio, imprenta, plásticos, carpintería, panadería, matricería. La idea motora, aparentemente descabellada, consistió en que todos los participantes en el proyecto absorbieran la conciencia vital de que ellos eran empresarios, no peones. Que eran dueños de su futuro y que podrían construir una vida digna y productiva por sí mismos, sin depender de otros. Las microempresas se organizaron en cooperativa para apoyarse mutuamente. Trabajaron con tenacidad hasta demostrarse que era posible ser empresarios. Eso les cambió la vida. La confianza en su propia valía los afianzó en su dignidad y los abrió al futuro. Las chabolas de latas viejas y cartón comenzaron a ser sustituidas por casas formales de ladrillo y techo firme. Las callejuelas desiguales y tortuosas se han ido pavimentando. Los niños y jóvenes cuentan con un colegio hecho y derecho. Un bello estadio fue construido sobre un relleno de lo que en otro tiempo era un riachuelo pestilente de aguas negras. Una clínica atiende a vecinos y lejanos con servicios médicos de calidad y precios bajos. El Polígono Don Bosco hierve de proyectos. El más acariciado y que comienza a materializarse es la industrialización del achiote. Para empezar, cien agricultores de las zonas más pobres del país han formado tres asociaciones y el producto comienza a tener demanda local. La idea motora de este increíble experimento social es el trabajo. Allí todo el mundo trabaja duramente. Las empresas deben ser solventes, productivas, autosuficientes. El orgullo de ser capaces del propio desarrollo no proviene de exhortaciones retóricas. Para quienes han sido cruelmente castigados por la vida, la experiencia de luchar con éxito valiéndose de sus propios recursos despierta una energía incontenible que los conduce con confianza a una vida mejor. |
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