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Santos y fundadores |
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No hay árbol sano La Familia Salesiana cuenta con ocho Miguel Rua, Felipe Rinaldi Don Bosco ha interpretado el sentido evangélico de su vida entregándola a los jóvenes, para que fueran santos y llegaran a ser honrados ciudadanos. De este modo él se convirtió en la buena semilla que dio origen a un árbol sano, de frutos excelentes, y se constituyó en ejemplo sobre el cual se moldearon santos. Su primer sucesor, el Beato Miguel Rua, era considerado un nuevo Don Bosco: de la fidelidad al fundador hizo programa de vida y de acción, durante su gobierno los salesianos pasaron de 773 a 4000, las casas (colegios, institutos, centros de misiones) de 57 a 345, las inspectorías (provincias religiosas) de 6 a 34 en 33 naciones. Pablo VI lo declaró beato en 1972, diciendo: “Hizo del manantial un río”. El bienaventurado Felipe Rinaldi, tercer sucesor, reanimó la vida interior de los salesianos, demostrando absoluta confianza en Dios y en la Auxiliadora; envió a las misiones a 1800 salesianos; fundó el movimiento de las Voluntarias Don Bosco, que se consagran sin abandonar ni a la familia ni el lugar de trabajo. Santa María Mazzarello – inteligente, determinada, rica de afectividad – fue cofundadora de las Hijas de María Auxiliadora. Recobrada de una enfermedad, se entregó a la educación de las niñas de Mornés armando un taller de costura, un oratorio festivo y una casa-familia para chicas sin padres. Decisivo el encuentro con Don Bosco (1864) que le sugirió una apertura más completa a su deseo apostólico. Juntos por tanto fundaron, el 5 de agosto de 1872, una nueva familia religiosa para el bien de las jóvenes. De tan espléndido fruto nació una nueva y grande realidad apostólica que cuenta hoy con unas quince mil hermanas y maravillosas figuras de santidad, como las bienaventuradas Magdalena Morano, María Romero, Eusebia Palomino y muchas otras mujeres de Dios. Entre los Salesianos Cooperadores, la bienaventurada Alejandrina da Costa quien, para sustraerse a una violencia, sufrió un grave incidente que la obligó a la inmovilidad por más de 30 años, sostenida espiritual y físicamente por la Eucaristía (durante 13 años se alimentó exclusivamente de la Hostia consagrada). Hizo su promesa como cooperadora y ofreció los sufrimientos para la misión juvenil salesiana. Señalo al siervo de Dios Attilio Giordani, que eligió partir con la esposa para el Brasil dedicando su vida al voluntariado, junto con los hijos. Además, al cardenal José Guarino, que recibió a los primeros salesianos en Sicilia y les dejó su herencia, permitiendo así la apertura de las casas de Alí para las Hijas de María Auxiliadora y de Messina para los salesianos, mientras con espíritu salesiano fundó en 1889 a las “Apóstolas de la Sagrada Familia”. El bienaventurado Luis Variara, salesiano entregado al bien de los últimos, en especial los leprosos del lazareto de Agua de Dios, en donde transformó la vida de los 800 enfermos y demás habitantes con una animación al mismo tiempo colmada de alegría e intensamente espiritual; después involucró en su misma pasión apostólica a un grupo de jóvenes leprosas fundando, en 1905, a las “Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María”. Significativa es también la vida de Monseñor José Cognata, obispo de Bova Marina, fundador de las “Oblatas del Sagrado Corazón”. El indecible sufrimiento, provocado por calumnias que tuvieron como consecuencia su renuncia por 22 años al cargo de obispo, no hizo flaquear su fe. Fue rehabilitado y ahora se trabaja para encaminar su causa de beatificación. No bastan los pocos renglones de un artículo para hablar de la santidad salesiana, la lista es larga: el bienaventurado Artémides Zatti, Ceferino Namuncurá, Laura Vicuña, Simón Srugi, María Troncatti, P. José Quadrio, Mons. Esteban Ferrando, P. Carlos dalla Torre, San Luis Versiglia, San Calixto Caravario, P. Vicente Cimatti, los mártires en España, en Polonia. ¡La pequeña semilla se ha vuelto realmente un grande árbol “supercargado” de frutos buenos! Pero deseo concluir con la figura del “Voluntario con Don Bosco” Nino Baglieri, muerto hace dos años: una vida juzgada digna de un futuro proceso de beatificación. Obrero de 17 años, cayendo de un andamio quedó paralizado totalmente. Al comienzo enfrentó un período de rebelión, después el Espíritu se abrió camino en su corazón. Vivíó intensamente su enfermedad como ofrecimiento y oración, hecho punto de referencia espiritual para muchas personas. Aprendió a escribir con la boca y esto le permitió dejar preciosos testimonios: “Nadie está excluido de la santidad, depende de nosotros, de como decimos nuestro ‘Sí’ al Señor. Y si alguien escucha en su corazón la voz del Señor que lo llama a seguirlo más de cerca en la vida consagrada, no tengan miedo de pronunciar el ‘Sí’ total. ¡Un sí a la vida!”. Pascual Chávez Villanueva
La canonización de Don Bosco En la homilía del 1° de abril de 1934, el Papa hablaba sobre esta “magnífica figura” que viene solemnemente definida como el “apóstol de la juventud, completamente entregado a la gloria de Dios y a la salvación de las almas”, distinguiéndose por la audacia de conceptos y modernidad de medios dirigidos a la educación integral del hombre: educación que -según el pensamiento de Pío XI, en polémica no muy secreta con la cultura fascista de la época- no tenía que limitarse solamente a fortalecer el cuerpo, sino que debía contemplar a todo el ser, promoviendo la formación en las ciencias, sin descuidar jamás las verdades divinas y sobrenaturales. Don Enrico dal Covolo |
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