Los benditos
deberes...

Bruno Ferrero

La familia y la escuela tienen que ser aliados. Cada vez más es imposible que una pueda educar a los niños y adolescentes sin la colaboración y la participación de la otra. Ni la familia ni la escuela pueden hacerlo solos. Y hay múltiples “puntos de encuentro” donde esa colaboración se hace visible y necesaria...


Foto: BSCAM


Familia y escuela
Más que garantizar el amor, la autonomía, la disciplina, la seguridad en sí mismos, la salud física y los valores morales y espirituales, la vida familiar debe ayudar a los niños a formarse una “cabeza bien hecha”. El ambiente familiar no debe tener el mismo rigor intelectual que se exige en la escuela, pero la familia debe ser también un lugar donde desarrollar la mente y donde el amor por el conocimiento y el aprendizaje esté instalado y alimentado.

Hay que partir de un concepto básico: aprender y estudiar son actividades agradables. Los padres tienen que trabajar mucho en la motivación de sus hijos. Y para eso, tienen que tener en cuenta algunos elementos importantes.

Tienen que demostrar interés por lo que los hijos están aprendiendo. Los niños y los adolescentes, por su parte, deben tener oportunidades para poder expresar lo que sucede en la escuela y puede interesar a sus padres. Las actividades pasivas, como los videojuegos y la televisión, deben estar limitadas en el tiempo y no se debería permitir que dominaran el ambiente doméstico. La familia debe preocuparse por formar la mente de los niños y adolescentes discutiendo con ellos ideas, problemas y toda cuestión que surja en la vida cotidiana, por escabrosa o dificultosa que sea. Las noticias del día, los problema del trabajo o las situaciones del hogar son excelentes oportunidades para hacerlo. Es muy importante que los hijos vean leer a sus padres: no importa si leen libros, diarios, revistas, novelas u otras publicaciones.

Y es vital mantener el contacto con los educadores. Cuando la familia y la escuela se comunican, los resultados no se hacen esperar. Y en particular, esta comunicación debe ser muy fluida para asegurar que los deberes en casa no provoquen problemas y enojos. Para eso, es bueno tener algunas ideas claras.

El papel de padres y madres
La escuela es la responsable de enseñar a los alumnos cómo aprender, pero a los padres les corresponde la tarea de enseñar cómo trabajar. Es fundamental que madres y padres asuman su rol de educadores, a despecho de la difundida costumbre moderna de ser para sus hijos sólo amigos o compañeros de diversión. La atmósfera que se respira en familia debe estar permeada por una sólida moral del trabajo. Los deberes en casa y el estudio representan una óptima oportunidad para desarrollar la capacidad laboral de los niños. Por tanto, hay que cuidar de que no hagan los deberes con apuro y enojo, y ayudarlos a aceptar que tienen que hacer ese esfuerzo mental por lo menos cinco tardes por semana, explicándoles que tener en forma el cerebro es tan vital como tener en forma el cuerpo, y que ambos, en realidad, requieren un adiestramiento cotidiano. Esto no quiere decir que los padres deban renunciar a ofrecerles posibilidad de distracción y entretenimiento. Solo quiere decir que deben tomar en serio su rol, con frecuencia olvidado, de educadores.

Saber organizarse
Anna Sarracco, psicóloga y psicoterapeuta, aconseja hacer una pausa después de que los niños vuelven de la escuela. “Antes de los 13 años, el niño necesita por lo menos tres cuartos de hora para dejar el universo escolar y volver a entrar en el doméstico”. Merendar, jugar, hacer un poco de deporte. Hay que hablar de otras cosas. Hay que hacer otras cosas. Es difícil que los niños puedan liberar su mente si se los recibe llenándolos de preguntas sobre su vida en la escuela. Una buena regla es establecer un “ritual de deberes”, con hora y lugar iguales cada día. Y con elementos que favorezcan la concentración: lugar tranquilo, luz difusa, algún intermedio con merienda o golosinas. ¿Y el tiempo? No hay una regla fija, porque la cantidad de deberes asignados es siempre muy variable. Como sea, el tiempo de trabajo ideal, para los niños de entre 8 y 12 años, es de una media hora continua. De otro modo, no consiguen ni siquiera concentrarse.

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Los niños necesitan tiempo para aprender a organizarse de manera correcta y autónoma. Y además, necesitan que su trabajo sea verificado por los adultos: un estudiante, un hermano mayor o un vecino…

¿Seguirlos? ¿ayudarlos?
Hasta los 10 años, sí; porque los adultos son garantía de organización. Los niños necesitan tiempo para aprender a organizarse de manera correcta y autónoma. Y además, necesitan que su trabajo sea verificado por los adultos: un estudiante, un hermano mayor o un vecino… Lo importante es que sea una persona en la que él pueda confiar, que sea capaz de animarlo y de apreciar sus progresos. Esta especie de tutor le da seguridad y le enseña a confiar en sí mismo.

La tarea principal de los padres es ayudar a sus hijos a organizarse: un niño organizado en su casa será un estudiante que rinda bien en la escuela. Mirar con ellos los ejercicios a realizar, establecer juntos el tiempo oportuno para hacer los deberes y un método para realizarlos. Después, aunque estén en casa, pueden ocuparse de otras cosas. Y al anochecer, verificar con ellos el trabajo realizado. Estén dispuestos a dar consejo, a verificar contenidos y a señalar errores, a sugerir argumentos, a pedir recursos y fuentes informativas, a trazar esquemas organizativos, a ayudar a encaminar un trabajo o a corregirlo si, por cualquier motivo, se equivocan en algo.

El espíritu es acompañarlos y ayudarlos a hacerse autónomos. ¿Una sugerencia? No resuelvan los problemas en lugar de ellos: enséñenles a hacerse las preguntas justas para hacer avanzar el razonamiento y a encontrar por ellos mismos las soluciones. Si los deberes para hacer en casa son muy engorrosos o provocan muchas tensiones y preocupaciones, vayan a la escuela y hablen con los educadores. Después de todo, su hijo está bajo stress, y la familia toda puede tener dificultades si no encuentra la manera de gestionar adecuadamente la forma de realizar los deberes en casa.


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