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Historia de una fotografía |
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![]() El 19 de mayo de 1861, día de Pentecostés, Francisco Serra, alumno del Oratorio, fotografió a Don Bosco en actitud de confesar a los muchachos. Aquella fotografía se conserva como testimonio de la misión particular que el Señor le había confiado en él confesionario, para la salvación de la juventud. Quien le persuadió fue Francisco Serra, el cual resultó protagonista de un episodio particular Este suceso fue acompañado de ciertos detalles, que lo hicieron ameno, sorprendente, y dieron materia para la conversación y recreo de los muchachos. Dejó escrito Bonetti: que faltase, no tener su retrato. Pero, antes de posar para retratarse, Don Bosco se volvió a Serra, y le dijo: -Quiero que sepas que ya van tres o cuatro veces, en las que, tras muchas instancias y ruegos de algunas familias de Turín, consentí que se me retratara; pero hasta ahora no se consiguió obtener tal retrato. Últimamente fui con algunos muchachos al mejor litógrafo de Turín, el señor Dubois. Hizo aquel artista todo lo que supo, lo intentaron sus ayudantes; pero todo fracasó. Estaban todos desconcertados, y decían que nunca les había ocurrido cosa semejante. Yo reía y decía: -Miren, ustedes; si quieren sacarme el retrato, vayan primero a hacer una buena confesión; vengan después y podrán sacármelo. Creían ellos que yo hablaba en broma y se reían, pero, después de más de una hora de inútiles pruebas, tuvieron que dejarme ir sin poder sacarme el retrato. Lo mismo te digo ahora: si estás en gracia de Dios, bien; sigue adelante; de otro modo, déjalo, porque perderemos el tiempo. Serra puso manos a la obra, le retrató una vez, pero no le salió muy bien; volvió a retratarlo por segunda y tercera vez y el resultado fue estupendo. Entonces todos los jóvenes prorrumpieron unánimes gritando: íSerra está en gracia de Dios! íSerra está en gracia de Dios! Cuando le retrató, junto con un nutrido grupo de jóvenes, dijo: -Los que no tengan la conciencia muy limpia no se coloquen delante del objetivo porque saldrían muy feos. De este modo Don Bosco, aun en sus bromas, tenía por fin grabar muy hondo en la mente de sus muchachos cuán grande desdicha es no estar en gracia de Dios, pues el pecado hace fea y deforme al alma, aun en un cuerpo de buena presencia. Memorias Biográficas, VI pag. 720 |
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