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Samuel aparece en un momento crítico de la historia de Israel, es decir, en el paso de la estructura tribal del pueblo de Dios, típica del periodo de los jueces, hacia la monarquía que comienza con Saúl. Se hacía cada día más urgente en Israel la necesidad de una persona que encarnara la unidad nacional del pueblo.
A la pésima condición religiosa y política en la que se encuentra Israel, en el último periodo del sacerdote Elí, a causa de la perversión de sus hijos, Dios responde enviando un salvador para su pueblo en la persona del joven Samuel (1Sm 3,1-21), reconduciéndolo a la obediencia a la palabra de Dios, hacerlo salir de la anarquía tribal en la que se encontraba, y dándole un hombre capaz de iniciar la historia de la unidad nacional.
El rol de la madre en la vocación de Samuel.
Por primera vez se hace resaltar el rol propio de la madre tanto en la génesis como en la formación de una vocación. Samuel es un ‘don’ de Dios a Ana, que lo había pedido ‘en el exceso de su dolor y de su amargura’ (1Sm 1,16) y un ‘don’ de Ana al Señor (1Sm 1,11), que se había acordado de ella (1Sm 1,19). Sin embargo su vocación no es atribuida a la madre que lo ha ofrecido al servicio del Tabernáculo (1Sm 1,27-28), sino únicamente a Dios que lo llama y lo da como profeta y juez a su pueblo en un tiempo en que ‘la palabra del Señor era rara’ (1Sm 3,1).
Luego, bajo la guía del sacerdote Elí que hacía de educador y confortado por la visita anual de sus padres (1Sm 2,19) Samuel crecía en estatura y bondad delante del Señor y de los hombres” (1Sm 2,26).
Llamada divina
En un momento en que la palabra de Dios era rara, irrumpe con fuerza en la historia y llama por nombre a un jovencito y lo constituye profeta.
Cuando el joven oye que lo llaman por su nombre, responde: “Aquí estoy” y corre hacia Elí. Samuel ni siquiera sospecha que sea Dios quien lo llama y que aquella voz tenga un origen sobrenatural. Elí ayuda a Samuel a identificar la misteriosa voz y le sugiere también cómo responder al Señor: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.
El Señor se revela la primera vez a Samuel en el Santuario de Silo, con la mediación del sacerdote Elí. Samuel toma así conciencia del proyecto que Dios tiene sobre él y, sin oponer ninguna resistencia, se pone al servicio de la misión que el Señor le va a confiar.
Misión
Dios confía a Samuel una doble misión: la de profeta y la de juez. En cuanto profeta, Samuel es el portavoz de Dios, el defensor de sus derechos y el ejecutor de sus designios. Lo que él diga se cumplirá siempre. En cuanto juez, Samuel pronuncia las ‘decisiones’ de Dios. Al pueblo que viene a ‘consultar al Señor’, él da las respuestas propias de la tradición y del código de la alianza.
Realización personal
de Samuel
Samuel se realiza como profeta y juez de Israel, que transmite al pueblo la palabra de Dios y lo libera de la opresión de los filisteos. El secreto de esta realización personal debe buscarse en la ‘consagración al Señor’ y en la plena ‘obediencia a la palabra de Dios’.
Ejemplo de fidelidad a la propia vocación-misión, vivida en un contexto de profundas transformaciones, Samuel muestra que la fiel escucha de la palabra de Dios y la obediencia a la misma es el camino para toda auténtica promoción de la persona humana y para la plena realización de toda vocación. |