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Un vasto movimiento para los jóvenes La semilla convertida en arbol |
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“Así damos inicio a una obra… ¿quién sabe si esta partida, si este poco, no será como una semilla que poco a poco se irá extendiendo y producirá un gran bien?” (MB XI,328). Eran los primeros brotes nacidos del corazón de Don Bosco, semilla capaz de engendrar un árbol grande: la Familia Salesiana, vasto movimiento de personas orientado por un mismo dinamismo pastoral y apostólico: la misión juvenil, no solo en Valdocco sino también en tierras lejanas. Hoy los salesianos son casi 16.000, presentes en 130 países del mundo. Sí, la semilla ha germinado en modo alentador, el bien se ha multiplicado y ha tenido una expansión impresionante: la Familia Salesiana ha crecido como un grande árbol, multiplicando sus ramas. Los salesianos están hoy empeñados en favor de los jóvenes, ya sea para educarlos como para promoverlos en el camino de su maduración cristiana y espiritual. Oratorios, centros juveniles, escuelas, instituciones profesionales, hospedajes para menores y/o muchachos de la calle, centros de rescate para muchachos que han sufrido abusos o han sido destruidos por experiencias negativas, misiones, parroquias, centros de comunicación social, de espiritualidad... La fantasía apostólica de Don Bosco ha hallado su plena realización en esta variedad de obras, que en su conjunto expresan plenamente las riquezas de la misión salesiana y representan la encarnación del servicio salesiano en un contexto determinado, en respuesta a las necesidades de los jóvenes. Don Bosco no dio un paso ni dio origen a iniciativa alguna sino e mpujado por su vocación fundamental: buscar el bien de lo jóvenes. Había comenzando ocupándose solo de la juventud masculina, pero muy pronto el Señor le hizo intuir que hacía falta activar el mismo movimiento también en favor de las chicas. Se decidió a fundar una institución para ellas por la insistencia de varias personas, por la constatación del estado de abandono y pobreza en que se hallaban muchas jóvenes, por el contacto con diversos institutos femeninos, por su devoción mariana, por las palabras de Pío IX que lo animó a recorrer este camino, por repetidos “sueños” y hechos extraordinarios que él mismo ha narrado. Contemporáneamente en Mornés, en las colinas del Monferrato, la joven María Dominga Mazzarello había comenzado a animar un grupo de jóvenes mujeres que se dedicaban a las chicas del pueblo, con la finalidad de enseñarles un oficio y orientarlas hacia la vida cristiana. A la distancia, dos señales en la misma longitud de onda lanzaban un mensaje idéntico: debía nacer también para las chicas el ambiente educativo que había en Valdocco para los chicos. El encuentro de Don Bosco con María Mazzarello y el acuerdo para la misión común permitieron mover los primeros pasos que dieron vida, forma y desarrollo a la nueva institución. Trece años después del origen de los salesianos (1872) tenemos así el de una nueva rama del carisma: el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. Hoy ellas son casi 14.500 y trabajan con entrega generosa en obras educativas, sociales, de promoción de la mujer, en misiones y obras de evangelización. Pascual Chávez Villanueva |
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