Educar con el corazón de Don Bosco |
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| “El papel primario y esencial de la cultura en general y también de toda cultura es la educación. Ésta consiste en el hecho de que el hombre llegue a ser siempre más hombre, que pueda ‘ser’ más y no solo ‘tener más’, y que, por consiguiente, a través de todo lo que él tiene, de todo lo que él posee, sepa siempre más plenamente ser hombre”1. La educación es un camino específico de humanización; trata de construir al hombre liberándolo de los condicionamientos que podrían impedirle vivir plenamente su vocación y habilitándole para una expansión de sus capacidades creativas. El desarrollo del hombre pasa necesariamente a través de la cultura, entendida como una manera de relacionarse con el mundo, con los demás, consigo mismo, con Dios; pero también como encuentro con un patrimonio objetivo de conocimientos, bienes y valores, y como proceso personal de asimilación, reelaboración, enriquecimiento. Por tanto la cultura no es un patrimonio aceptado por todos: tenemos que vérnosla con sociedades siempre más complejas, post-ideológicas y multiculturales, con toda la carga de ambigüedad que este último término evoca. Hay luego que tener presente el escenario de la globalización que tritura identidad y proyectualidad. Entonces, el próximo desafío de la educación que nos espera será exactamente el de la mundialidad y de la interculturalidad, en donde reconocer las diferencias y desarmar los estereótipos constituirá una necesidad y un recurso educativo. La educación logra hacer que se confronten situaciones y aspiraciones de los jóvenes con la experiencia de la humanidad expresada en el patrimonio cultural y en la cambiante mundialidad actual.
Es dificilísimo encontrar entre las obras exitosas alguna cuyos protagonistas reciban del cristianismo la inspiración para la vida o para la dignidad de su existencia. La experiencia religiosa es presentada con tonos peyorativos, como un fenómeno de infantilismo y de sentido de culpa. Pese a ello, para nosotros Cristo es la mejor noticia que podemos dar al mundo; en Él alcanza el hombre la máxima dignidad, en cuanto es reconocido como hijo de Dios y las fronteras de su existencia se dilatan hasta la eternidad. Por tanto el objetivo final de la educación es la evangelización como síntesis entre fe y cultura, fe y vida. Los ambientes educativos salesianos tratan de encaminar una integración entre saber, educación y Evangelio. La referencia a Cristo es un criterio de evaluación para discernir los valores que edifican al hombre y los contravalores que lo degradan. En efecto, es sobre todo la irrelevancia de la fe en la cultura y en la vida que hace a los jóvenes indiferentes o extraños al mundo religioso, vuelve insignificante la pregunta acerca de Dios, vacía el lenguaje religioso de su sentido y amenaza con hacer vano todo empeño de evangelización. Durante muchos siglos la fe cristiana ha inspirado en Europa la reflexión de los pensadores, las obras de los escritores, las creaciones de los artistas y las composiciones de los músicos. Con grande temeridad (¿o cinismo?) hoy se pretende negar las raíces cristianas de la cultura europea. Desde demasiado tiempo falta una presencia-testimonio eficaz de católicos en los varios ámbitos de la cultura. Faltan políticos, escritores, profesores, médicos, poetas, juristas, periodistas realmente católicos. Puesto que la incredulidad tiene un impacto cultural relevante en Occidente, hace falta que el católico haga de la cultura el campo de su presencia activa. Se necesitan militantes católicos en el mundo del arte, del pensamiento, de la comunicación social, capaces de dar nuevo prestigio al hecho cristiano. “La Iglesia pide que los fieles laicos estén presentes, con la insignia de la valentía y de la dignidad intelectual, en los puestos privilegiados de la cultura, como son el mundo de la escuela y de la universidad, en los ambientes de la investigación científica y técnica, los lugares de la creación artística y de la reflexión humanística”2. El educador según el corazón de Don Bosco es consciente que el proceso educativo es el lugar de la promoción total de la persona. En la enseñanza él ilumina el saber humano con los conceptos de la fe, sin distraerlo del objetivo que le es propio; en el proceso educativo trata de desarrollar la cultura del individuo como capacidad de comunión y de escucha de los hombres en vista del deber de servicio y de responsabilidad hacia los demás y no como medio de afirmación y enriquecimiento. El educador salesiano ayuda a descubrir la profunda coherencia entre la fe y los valores que la cultura persigue. Pascual Chávez Villanueva |
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Emaús: Paradigma de la biografía espiritual de los jóvenes El episodio de Emaús, crónica de un hecho sucedido, nos ofrece un preciso itinerario de evangelización donde se dice quién (Jesús a través de su Palabra) y cómo (caminando juntos) se evangeliza. Si la vida de comunión con Dios y con los hermanos es la meta del anuncio evangélico, resulta decisiva para la evangelización el testimonio de una vida en común, ya que ella es la experiencia que anticipa, como semilla, la realidad que se espera. Si el testimonio es el único lenguaje capaz de convencer a los jóvenes de que Dios existe y su amor puede llenar una vida, la evangelización tiene que ocuparse de él como camino estratégico y concentrar la atención y el lanzamiento sobre la unidad de la iglesia y en la Iglesia, que es la señal evangélica que Jesús pide a los discípulos enviados por El al mundo. Hay que desconfiar, por lo tanto, de una evangelización que no parta de una vida en común, cualquiera sean sus métodos y sin poner en duda sus mejores intenciones. El pasaje de Emaús encierra la metodología para la evangelización de los jóvenes: caminar juntos. La frustración de los sueños, el cansancio en la fe y el desengaño en el discipulado son las experiencias que identifican a los jóvenes con los dos discípulos en camino hacia Emaús. Los jóvenes necesitan una Iglesia que se acerque a sus problemas y a su desaliento, que comparta con ellos no sólo el camino y la fatiga, sino que sepa también conversar con ellos, asumiendo sus incertidumbres. ¿Cómo podrá la Iglesia representar al Dios Resucitado si no se muestra preocupada en sus cosas y por su vida? Ir y encontrar a los jóvenes dónde se encuentran, acogerlos desinteresadamente en nuestros ambientes, ponernos en atenta escucha de sus preguntas y aspiraciones son para nosotros opciones fundamentales que preceden cualquier otro paso en la educación de la fe. El pasaje de Emaús - paradigma de la biografía espiritual de los jóvenes - recuerda que una educación a la fe que olvide o posponga el encuentro sacramental de los jóvenes con Cristo, no es la manera de encontrarlo con segura eficacia. La celebración eucarística es fuente y culmen de la evangelización. Es una excusa falsa decir que no todos los jóvenes están preparados para celebrar el encuentro con Cristo, ya que encontrarlo no ha sido nunca consecuencia de sus esfuerzos ni fruto de sus deseos, sino gracia de Cristo, que se hace encontrar de aquellos que ama. ¿Estaban los discípulos de Emaús preparados para descubrir al Señor en el desconocido compañero de camino? Hacemos todo esto según el ejemplo del Señor y siguiendo el método de su caridad sobre el camino de Emaús. Repetimos sus actitudes: tomamos la iniciativa del encuentro y nos ponemos junto a los jóvenes. Con ellos recorremos el camino escuchando, compartiendo sus ansiedades y aspiraciones. A ellos explicamos con paciencia el mensaje exigente del Evangelio. Y con ellos nos detenemos para repetir el gesto de partir el pan y suscitar en ellos el ardor de la fe. P. Pascual Chávez, Rector Mayor |
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