La familia del exalumno salesiano


Hugo Estrada


Foto: BSCAM

Don Bosco fue a visitar una familia. Lo convidaron a comer con ellos. Durante la comida, uno de los niños profirió una palabrota. Don Bosco, como buen educador, le hizo ver que esa mala palabra no debía decirse. El niño vivaracho, respondió: “Pero mi papá la dice siempre”. El pobre papá se puso colorado. Don Bosco añadió: “Pero tu papá ya no la dirá”.

El ejemplo de los papás en la familia es algo esencial para la educación de los hijos. Para los niños pequeños, los papás son sus ídolos. Al hijo le gusta peinarse como su papá. La hija telefonea como la mamá. Hasta repite por teléfono las mismas mentiras que dice la mamá. Pero los niños dejan de ser niños, comienzan a tener un sentido crítico. Si descubren que sus papás llevan una doble vida, los ídolos caen de su pedestal y es muy difícil reparar esas estatuas quebradas.

En la sociedad de confusión, a la que hemos llegado, se ve de todo, se oye de todo y se vive de todo. Difícil no dejarse arrastrar por el torbellino de mentalidad mundana, que se respira en el ambiente. Los más afectados en esta sociedad descristianizada, y, por eso mismo, descristianizadora, son los adolescentes y los jóvenes. Son los menos preparados para hacerle frente a ese tsunami de descontrol, que ha caído sobre nuestra cultura. Por eso, la familia debe ser como una isla en la que papás e hijos deben refugiarse para no ser arrollados por el vendaval de confusión que está arrastrando a tantas personas.

Iglesia doméstica
La familia fue definida por el Vaticano II como una iglesia doméstica. Allí los padres son los sacerdotes de esa iglesia. Es allí donde se deben seguir viviendo los “valores absolutos”; es la familia un lugar de oración, que defiende contra tantas fuerzas malignas que intentan destruirnos. Es allí donde los papás e hijos, después de llegar de su trabajo o del colegio o universidad, se refugian y juntos tratan de sanear su mente y corazón, que han sido atacados por pluralismo de conceptos e ideas, que son abiertamente anticristianos.

San Pablo decía a su discípulo Timoteo: “Recuerda que desde niño conoces las sagradas Escrituras, que pueden instruirte y llevarte a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús” ( 2Tim 3,15). La Biblia para nosotros es Palabra de Dios.

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Es Dios que nos sigue hablando y nos repite: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”(Mt 24,35). Es Palabra que no pasa de moda. No es palabra de un gran filósofo o pensador. Es Palabra de Dios, que no se puede poner en la balanza para compararla con las palabras de otros sabios. Es una lástima que muchos hijos nunca ven que su papá abra la Biblia y les comente algunos versículos. Peor todavía: muchos hijos nunca han visto a su papá o su mamá comulgar.

Dice el Salmo 127: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”. Es en vano intentar tener una familia en armonía con la bendición de Dios, si no está cimentada sobre los principios básicos de la Santa Biblia.

Muchos son albañiles cansados, luchando por conseguir la felicidad de su hogar, a base de cosas materiales, nada más. Si el Señor no construye esa casa, seguirán afanándose como albañiles sudorosos, que no logran levantar una casa de paz, de tranquilidad.

Colegios=familias
Don Bosco quería que sus colegios fueran una familia; por eso a sus obras Don Bosco las llamaba casas. Una casa cristiana, por supuesto. Un exalumno, exalumna, que ha vivido esa vida familiar cristiana, tiene que estar preparado para proyectar, con su ejemplo y su palabra, esa vivencia cristiana, que llevará bendición a su familia, en la que reinará la armonía y la paz. Una exalumna, exalumno no puede ser buen cristiano y honrado ciudadano si su familia es un desastre. En cambio, si en su hogar hay paz, armonía, bendición, eso es lo que va a proyectar en la sociedad. Va a ser sal y luz en el ambiente donde le toque desenvolverse. El ideal de Don Bosco era que la educación que recibían los jóvenes en el colegio salesiano se proyectara en cada familia, y por consiguiente, en la sociedad.




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