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P. Julio Andrés Navarro Mora |
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El día más feliz de mi vida. Así podría resumir el 15 de diciembre pasado, cuando recibí por gracia de Dios la ordenación sacerdotal. Brota de mi corazón el agradecimiento a Dios que me ha llamado a seguirle, a pesar de mis limitaciones. Agradecimiento a mi familia por sembrar la semilla de la fe en mi corazón. Gratitud a mis hermanos salesianos, a aquellos que con su testimonio de vida impulsaron en mí el deseo de seguir a Jesús al estilo de Don Bosco y a los que con su guía y apoyo fraterno me han ayudado a decir Sí. Gratitud a tantos amigos y amigas por acompañarme en este camino de diez años de formación con su cariño y oración. Comienza ahora el compromiso para el cual he sido consagrado: ser otro Cristo para mis hermanos y hermanas, llevar el pan de la Palabra y de la Eucaristía, poner a “su pueblo” en mi corazón. tarea que el sacerdote puede llevar a cumplimiento sólo por la fuerza del Espíritu Santo. Como salesiano estoy llamado a ser educador – pastor de los jóvenes, ser un signo del amor de Dios, de manera particular para aquellos que más lo necesitan. De allí mi lema sacerdotal: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque él me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres”. |
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