Itinerario de conversión


Hugo Estrada

Una conversión no se improvisa; se va madurando, por lo general, muy lentamente. Es peligroso confundir euforia espiritual con conversión. El Señor envió al profeta Natán para que le echara en cara al rey David su grave pecado. David, ante la palabra del profeta, reconoció su pecado y pidió perdón a Dios. El salmo 51 conserva los sentimientos de arrepentimiento de David, cuando pidió perdón a Dios por su pecado, ante el profeta Natán, que le aseguró, en nombre de Dios, que había sido perdonado.


Reconocerse pecador es lo mas dificil
Foto: BSCAM

La imagen de Dios
El punto de arranque en su itinerario de conversión para David es la imagen de Dios que tiene en su corazón. No piensa en un Dios terrible, sino en un Dios misericordioso, dispuesto a perdonar: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa”. Lo primero que hace David es pensar en tres cualidades específicas de Dios: su misericordia, su bondad, su compasión. La misericordia de Dios se expresa en que tiene amor por el miserable que no merece su perdón. La bondad de Dios se manifiesta en su fidelidad, que nunca nos falla en sus promesas de perdón. La compasión es más que amor. La compasión consiste en meterse en el alma de la persona para comprenderla en profundidad y lograr disculparla por su manera de actuar. A David lo salva la imagen de Dios que tiene en su corazón. El cree en un Dios de bondad, de misericordia, de compasión. Por eso no se siente condenado, sino que cree que puede ser rehabilitado. El primer paso para una auténtica conversión es el encuentro con un Dios Padre misericordioso.

La imagen del pecador
David, después de aceptar la “imagen de Dios misericordioso”, piensa en su propia realidad ante Dios: “Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado”. Reconocerse pecador es lo más difícil. Muchos delincuentes mueren en la silla eléctrica, en la cámara de gas o en el paredón, alegando que son inocentes. Adán y Eva, después de haber pecado, no aceptaban su responsabilidad en el pecado; Adán le echó la culpa a su mujer; Eva dijo que la culpa la tenía la serpiente. Dios quería perdonarlos, pero no podía hacerlo hasta que ellos no reconocieran su pecado. Cuando, al fin, aceptaron que eran pecadores, Dios les echó encima unas pieles, símbolo de su perdón, de su misericordia. David no le echa la culpa a Betsabé. Reconoce su responsabilidad y por eso confiesa que su pecado “está siempre presente” en su conciencia.


Crear en la Biblia significa sacar de la nada, algo que sólo Dios puede hacer.
Foto: BSCAM

El salmista no se contenta con ser blanqueado por el perdón del Señor; quiere algo más: le ruega al Señor que le haga “oír el gozo y la alegría”. Por el pecado, David había caído en una terrible depresión. En el salmo 32 lo expresó dramáticamente, al describir su estado psicológico y espiritual con unos versos que denotan la tragedia que David estaba viviendo: “Mientras no confesé mi pecado, mi cuerpo iba decayendo por mi gemir de todo el día, pues de día y de noche tu mano pesaba sobre mí. Como flor marchita por el calor del verano, así me sentía decaer” (Sal 32,3-4). Ahora David le ruega al Señor que le devuelva aquel gozo santo que experimentó cuando estaba lleno de la gracia de Dios. La alegría es una nota característica del que vive en íntima comunión con el Señor. David quiere volver a vivir a toda costa en el gozo del Señor.

Nuevo corazón
San Pablo aceptó su raíz de mal, que lo inclinaba al pecado, pero no quedó frustrado: creía que Dios podía rehabilitarlo espiritualmente. David tampoco se quedó desilusionado ante su realidad pecaminosa. Puso su confianza en Dios que podía cambiarle el corazón; por eso rezó: “Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo Espíritu”.

El verbo “crear”, la Biblia lo reserva para Dios. Crear en la Biblia significa: “sacar de la nada”, algo que sólo Dios puede hacer. Los hombres pueden hacer “transplantes de corazón”; sólo Dios puede darnos un “nuevo corazón”, limpiado, purificado. Es la gran promesa que Dios hace a su pueblo por medio del profeta Ezequiel: “Pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Quitaré de ustedes ese corazón duro como la piedra y les pondré un corazón dócil. Pondré en ustedes mi Espíritu, y haré que cumplan mis leyes y decretos” (Ez 36,26-27). Por medio del Espíritu Santo, Dios crea para nosotros un nuevo corazón limpio, inclinado a las cosas de Dios, con repugnancia por las cosas del mundo. David sentía que había perdido el poder, el gozo del Espíritu. Por eso le suplica a Dios que “no le quite su santo Espíritu”. Sin él ya no tiene poder ni alegría. Sin la presencia del Espíritu Santo no puede haber un “nuevo corazón”.

Signos de conversión
Una auténtica conversión se demuestra con hechos concretos. David no se queda sólo en sentimientos, sino que procede a demostrar con hechos su deseo de cambiar y ayudar a otros a acercarse a Dios. David escribe: “Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti”. Una característica de los “convertidos” es su anhelo de atraer hacia Dios a las personas que van por mal camino. Otra característica de los que se han convertido es el impulso irrefrenable de alabar a Dios. Han sido salvados de un abismo por Dios, y quieren manifestarle su agradecimiento por medio de la oración de alabanza. Algo connatural a David, como poeta y como persona espiritual, es la constante alabanza. Señal de una verdadera conversión es la actitud de alabanza continua a Dios. El salmo 51 es un precioso itinerario de conversión: es un camino de retorno hacia la casa del Padre. David nos enseña que en ese retorno hacia Dios hay que iniciar recordando que Dios es misericordioso. Luego hay que dejarse buscar y encontrar por Dios, salir del encierro del pecado para experimentar las pieles de misericordia del Señor. El salmo 51 nos anima en gran manera, pues nos muestra que Dios puede crear para nosotros un “nuevo corazón” y puede devolvernos la “alegría de la salvación”, que el pecado nos había arrancado.




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