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Globalización Globalización significa un mundo que convive
en paz, en donde todos sus recursos están orientados hacia el
servicio común, en donde impera una misma ley y una misma justicia
y la solidaridad reina como distintivo. Y eso está bien, porque
de alguna manera expresa el punto omega que el hombre persigue desde
el inicio. |
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Para lograr
una globalización, sin embargo, el convulsionado mundo
de hoy tendría que elaborar una ruta que le permitiera despejar
los obstáculos evidentes que se le presentaron. |
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| Para dar un primer paso hacia la globalización era necesario extirpar la confrontación ideológica y poner al mundo en situación de diálogo, para lo cual era preciso que ambas partes enfrentadas se desarmaran progresivamente, lo que condujo a que se pudiera conversar y salieran adelante los primeros consensos creadores que deberían conducir hacia un nuevo mundo sin el ruido de las balas. De cara a las armas amenazantes no es posible diálogo alguno, lo máximo que puede obtenerse es la estéril tregua de los que le conceden sólo una pausa a la muerte. | ![]() |
| La globalización
será solidaria o no será. Si no es solidaria, degenerará en
la erección de un imperio totalizador que, impidiéndonos
la participación, nos llevará a la obediencia. La solidaridad como valor fundamental de la globalización tiene que copar los espacios y dar prueba fehaciente de que es un valor fértil, de que puede no sólo animar un discurso ideológico, una gestión económica, una acción política, sino ante todo forjar una cultura y una ética. Pero la globalización exige mucho más que la superación del conflicto este-oeste; reclama dos movimientos que son la integración y la apertura, de los cuales sólo se publicitan sus sesgos económicos. Y es aquí donde, evidentemente, comenzamos a encontrar dificultades que desafían nuestra decisión e imaginación. Simón Bolívar tenía la capacidad de forjar el presente y de diseñar el porvenir. De él es el pensamiento de que la integración es el gobierno futuro de las naciones, de él fueron los primeros esfuerzos y él hubo de padecer los primeros fracasos. Basta comparar el desigual desarrollo de los procesos de integración. Mientras Europa, con el peso de dos guerras mundiales, avanza de la Comunidad Económica Europea a la Comunidad Europea, luego a la Unión Europea y aún se llega a pensar en el ideal de la “casa común europea”. Mientras Europa, con multiplicidad de idiomas, salta la barrera y se hace una, nosotros unidos por todo –incluso por la retórica- no hemos logrado unir nuestras aspiraciones y destinos. Cómo lograrlo si la integración de Latinoamérica requeriría que los países estuvieran integrados internamente, mientras que existen suficientes pruebas de dispersión e injusticia evidentes en el desigual desarrollo regional que permite que sobrevivan entre nosotros el siglo XIX, el XX y los avances del XXI. 170 mil escuelas católicas en el mundo 42 millones de estudiantes 900 universidades católicas |
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