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su primer importante mensaje: “Podemos estar golpeados, pero seguimos adelante
y, suceda lo que suceda, tú puedes contar conmigo”. Margarita
tenía entonces 29 años, Juanito 2, José 4, Antonio
14. Para Antonio, Margarita es solo la “madrastra”. Además él
es un adolescente tosco, buen trabajador, pero testarudo y celoso.
Margarita es una mamá muy «moderna»: la responsabilidad
de la familia descansa en sus hombros. La clásica salida sobre las
madres hoy debería sonar: “¡Mamá está sola!”.
Hoy las mamás están solas de muchas maneras. Porque tienen
un doble trabajo, afuera y en casa, o porque están separadas con
los hijos a su cargo, o porque las dejan solas en el papel de educar a
los hijos. Mi marido no se interesa de estas cosas, dicen, casi para justificar
una distracción que en realidad es una culpa grave. Mamá Margarita
ante todo está presente. El suyo es un amor total y efectivo, hecho
de pocas palabras, muchas acciones, un ejemplo continuo, una donación
absoluta. Campesina analfabeta, es rica de infinita sabiduría y
de raro equilibrio. Todos concuerdan en subrayar su papel determinante
en la formación de Juanito. Las suyas fueron enseñanzas simples
y grandes. Por ejemplo:
Decisión y valentía son los ingredientes para triunfar. Nadie
vio nunca a Don Bosco “desalentado”. Y ni siquiera a su madre.
En casa todos deben aportar. Margarita acostumbró pronto a los hijos
a trabajar en la casa y en los campos. Juan tuvo que arreglarse para costearse
los estudios: aprendió a ser sastre, carpintero, camarero, peluquero.
También en Valdocco nadie era “mimado”. Cuando un muchacho
corría donde Mamá Margarita para que le pegara un botón
al saco, ella le pasaba aguja e hilo: “¿Por qué no
tratas de hacerlo tú? Hay que aprender algo de todo”.
El temperamento hay que dominarlo. Cada hijo tiene un temperamento diverso
que debe aprender a mantener bajo control. Con la dulzura y la paciencia
Margarita doblegó a Antonio, tentado por la dureza. Con cuidado
siguió la evolución de Juanito: “Juan al actuar poseía
ese sentimiento de seguridad en sí mismo que puede transformarse
con mucha facilidad en soberbia, y Margarita no vaciló en reprimir
los pequeños caprichos ya desde el comienzo, cuando él no
podía ser capaz de responsabilidad moral”, recuerda Don Lemoyne.
Peleas e incomprensiones entre hermanos no se resuelven con sermones baratos
y discusiones. Mamá Margarita reconoció la parte de razón
de Antonio, que no comprendía las ganas de estudiar de Juan, e intervino
eficazmente. Aunque tuviera probablemente las lágrimas en los ojos
mientras preparaba el atadito del hijo que se iba, para trabajar como criado
lejos de casa.
Los hijos tienen un camino en el cual deben ser acompañados. En
cuanto comprendió la vocación del hijo, le dijo claramente: “Escúchame
bien, Juan. Yo quiero que tú lo pienses bien y con calma. Cuando
habrás decidido, sigue tu camino sin verle la cara a nadie. La cosa
más importante es que tú hagas la voluntad del Señor.
El párroco quisiera que yo te hiciera cambiar idea, porque en el
futuro podría tener necesidad de ti. Pero yo te digo: en estas cosas
tu madre no tiene que ver. Dios viene delante de todo”. Esto es realmente “dar
la vida”.
Alegría y serenidad son la sal de la vida. Margarita velaba, pero
no en forma sospechosa y cargante. Sabía reprochar sonriendo y tomar
la vida con una pizca de humor. Cuando dejó su pequeño paraíso
de los Becchi para seguir a Don Bosco en una periferia triste y de mala
fama, cantaba con su hijo: “¡Ay del mundo si
nos oye, forasteros y sin nada!”.
Hablar, dialogar, narrar son momentos esenciales de la vida de familia. Y
en la pequeña casa de los Becchi había tiempo también
para narrar los sueños.
La conciencia moral es una guía fundamental. Ya desde pequeños,
los Bosco aprendieron a distinguir el bien del mal, sin hipocresía
y sin picardías. Conocían exactamente lo que debían
y lo que no debían hacer. En el lecho de muerte Margarita pudo decir
al hijo: “Tengo la conciencia tranquila, hice mi deber en todo lo que
pude”.
Dios se aprende en familia. La oración, el catecismo, el sentido de
la providencia, los sacramentos, las obras de caridad: todo esto Juanito
Bosco lo aprendió sobre las rodillas de su mamá. Sobre esas
rodillas nació el sistema Preventivo. He aquí el modelo para
toda la Familia Salesiana.
Pascual Chávez Villanueva |