El
ideal de un gobierno debería ser el poder decir a las miles de
personas que huyen a los Estados Unidos : «No se vayan, no nos dejen,
que aquí en Honduras hay para todos».
El éxodo masivo que se da en nuestro país es tan impactante
que se parece al que se da en las naciones que están sometidas a
guerras civiles. ¿Por qué se han ido casi un millón
de hondureños a los Estados Unidos, viviendo muchos de ellos situaciones
difíciles, degradantes e inclusive perdiendo la vida en el camino?
Para responder esto habría que formular otras preguntas como: ¿Por
qué hay tantas personas sin la preparación básica
para ganarse el pan honradamente y por qué faltan tantos empleos? ¿ Por
qué hay un déficit tan grande en los servicios básicos
de agua potable, vivienda y salud? ¿Por qué hay tanta desnutrición
en los niños y niñas de nuestra patria? ¿ Por qué en
definitiva hay hambre en Honduras?
Esto sucede porque se le ha arrancado a la gente su derecho de vivir dignamente.
Todo un sistema económico, político y social que ha marginado
secularmente a millones de personas del gozo equitativo del Bien Común,
se ha consolidado como un tumor maligno que está matando el bienestar
y la esperanza de nuestro pueblo.
El pecado personal y
colectivo de egoísmo ha saturado las mentes y corazones de muchos
que han caído en corrupción, promoviendo estructuras injustas
que violentan el derecho de las mayorías a participar en los bienes
de la sociedad.
Hay mucha violencia en nuestra patria; asaltos y robos a mano armada, maltrato
familiar y un enorme número de asesinatos. La injusticia social es otra
forma de violencia que arrebata a la gente su derecho a vivir dignamente y que
los condiciona a vivir en la extrema pobreza.
Como consecuencia de esto la apatía y el fatalismo
de muchos que se han acostumbrado a vivir en su pobreza y que no agudizan los
sentidos para salir
de tal situación, resignados a vivir de manera infrahumana. Todo esto
ha provocado un estancamiento social que ha paralizado el crecimiento integral
de nuestro pueblo.
¿ Por qué pues se han ido este millón de hondureños?
Por la desesperación de no ver alternativas ni futuro adecuado para ellos.
Al irse a otra realidad, un porcentaje menor logra con éxito estabilizarse
y mandan remesas que ayudan mucho al país. Pero el precio que pagan es
muy grande, sobre todo por la separación muy larga de sus familias.
Además, el ambiente de una sociedad del primer mundo, individualista,
competitiva y permisiva en cuanto a los anti valores, les borra en muchos casos
los valores espirituales y culturales de sus lugares de orígen. Estados
Unidos, por ser un país grande y complejo en sus estructuras, por su propia
dinámica social, aporta con fuerza a los emigrantes sus grandes valores
y también sus lacras morales y sociales. Nuestra gente no está preparada
para el gran shock cultural con ese gran país, en parte por la misma debilidad
en la formación humana y espiritual de los que se van.
Igualmente pasa con la migración interna, aunque en menor grado. Los que
vienen a las grandes ciudades de nuestros campos, en pocos años rompen
los «hilos» que los unían a los valores tradicionales de nuestros
pueblos, y caen en un indiferentismo religioso y en un relativismo moral. Nos
duele, por otro lado, los miles y miles que no pueden ver cumplir su «sueño
americano» y mueren en el camino, o vuelven mutilados por accidentes, o
son rebotados por las autoridades norteamericanas, trayendo su carga de frustración
y dolor a Honduras. Entre ellos vienen muchos jóvenes contaminados por
la violencia de las maras o por las adicciones.
Ahora bien, tenemos que admirar a aquellos que habiéndose ido, han podido
mantenerse anclados en sus valores y han crecido espiritualmente. Hemos podido
constatar en ciudades de Estados Unidos hondureños exitosos, que viviendo
el Evangelio, han podido comenzar de nuevo en esa sociedad y están aportando
mucho a esa realidad. Inclusive una parte significativa de ellos han podido llevarse
a sus familias.
También tenemos que decir que lo que los hondureños y latinoamericanos
están dando a Estados Unidos, no es solamente un trabajo que ha ayudado
a levantar más la economía de ese país, sino han aportado
la riqueza cultural y espiritual de América Latina y El Caribe, enriqueciendo
a la sociedad norteamericana y a la Iglesia Católica con una nueva vitalidad
propia de nuestros pueblos.
Reconocemos también que las remesas que mandan esta generación
de hondureños mantiene en parte la economía de nuestro país,
en contraste con los miles de millones de lempiras que han salido para los bancos
extranjeros de gente pudiente e inconsciente que prefiere invertir en otros países
lo que ganaron aquí.
¿ Nosotros qué pedimos ante el gran drama de la migración?
1. Urgen más fuentes de trabajo en nuestro pueblo. Hay que acelerar las
inversiones públicas y privadas que generen nuevos empleos. Atraer la
inversión sana extranjera y la nuestra, haciendo hincapié que invertir
en el país es parte de un compromiso moral para aquellos que han hecho
sus capitales gracias a nuestro pueblo. Atenta al bien común sacar todo
el dinero que se ha ganado aquí y depositarlo en bancos extranjeros, sabiendo
que urgen inversiones para promover más la mano de obra nacional.
2. Tenemos que capacitar con formación académica, instrucción
en oficios industriales y agropecuarios a nuestros hermanos para poder trabajar
de una manera productiva y competitiva. Aquí también hay que ver
los programas exitosos que a nivel internacional hay ayudado a elevar la economía
de otros países. Pedir ayuda técnica y económica de aquellas
naciones que han triunfado en este campo es urgente. ¿Cómo se levantaron
países devastados por la segunda guerra mundial, como Alemania, Japón,
Francia?. ¿Cómo países asiáticos en menos de cuarenta
años han pasado de economías rurales y de producción artesanal
a ser naciones altamente competitivas?. Copiar lo bueno y adaptarlo en el marco
de una economía más humana donde se respete la dignidad de las
personas es la clave.
3. Impulsar la producción nacional, sobre todo en el área de la
micro y mediana empresa, con estrategias y programas científicamente elaborados,
para levantar el crecimiento económico de nuestro pueblo.
4. El gobierno tiene que con urgencia que invertir más en lo social, sabiendo
que nuestro pueblo vive un calvario por no tener los servicios básicos
asegurados. Hay que invertir más en salud, sabiendo que el alto costo
de medicinas y el estado actual de nuestros hospitales públicos impiden
que muchas personas tengan acceso a la recuperación física adecuada.
Además es necesario construir más hospitales para enfermos mentales,
en vista del creciente número de pacientes que no tienen la atención
necesaria. El déficit de vivienda exige programas agresivos de construcción
de casas para personas de escasos recursos. El servicio de agua potable y el
de energía eléctrica debe ser accesible para el pueblo. Las vías
de comunicación como carreteras y caminos de penetración deben
estar en las mejores condiciones para el transporte de personas y productos.
Los planes de desarrollo del gobierno deben incluir la atención a las
mayorías marginadas que viven en condiciones infrahumanas.
5. Debe aplicarse la ley a todos los que evaden impuestos, favorecen el contrabando
y aplican mordidas en contratos públicos y privados, sabiendo que lo que
es corrupción afecta la vida moral y económica de nuestros pueblos.
La justicia tiene que ser para todos y expedita, evitando esa gran mora judicial
que deja en los presidios a personas muchos años sin juicio. Cuando existe
anarquía en el cumplimiento de la ley y las obligaciones que exige el
Bien Común, la inseguridad se hace más palpable y el desorden provoca
muchas víctimas inocentes, haciendo que el pueblo no crea en nadie y en
algunos casos, aplique la justicia por su propia mano.
6. Debe protegerse de manera radical nuestros bosques en vista de la tan vertiginosa
depredación que afecta ya todo nuestro sistema ambiental, provocando sequías
y graves inundaciones.
Nuestro Señor Jesucristo, quien experimentó con dolor la marginación
al vivir como emigrante cuando su madre y José lo llevaron a Egipto por
culpa de la persecución de Herodes, sufre en nuestro pueblo que ha huido
por el estrago del hambre. El no quiere que siga este éxodo sin sentido
de nuestra gente y nos urge a unirnos y trabajar por eliminar las causas de este
drama.
También nos pide que asistamos más a aquellos que vienen derrotados
por la deportación y no encuentran aquí solución a su problema.
Pedimos pues a nuestro gobierno, la empresa privada y todas las fuerzas vivas
de nuestro país que hagamos realidad el sueño de que no tenga nuestro
pueblo que irse, porque aquí no hay futuro. El drama de la emigración
es tan grande que nos debería llenar de dolor y vergüenza y obligarnos
a buscar soluciones eficaces a corto y largo plazo.
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