Los pequeños
fans de
Cuando Don Bosco salía a predicar fuera de Turín, a su vuelta le aguardaba un alegre recibimiento. Los muchachos del Oratorio se informaban de la hora de su llegada. Iban a esperarlo al puente del Po al puente de Moscú. Iban varias decenas. |
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Apenas
asomaban los caballos del ómnibus, estaban los saludos
con un formidable ¡viva Don Bosco! Corrían todos a su encuentro
y rodeaban su coche. El cochero montaba en cólera, gritaba a los
muchachos, los amenazaba con el látigo, les dedicaba los títulos
más sonoros, pero era inútil: los muchachos seguían
corriendo y gritando y así entraban en Turín. |
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