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En 1865 viajó Don Bosco a Florencia y se alojó en el palacio arzobispal donde fue tratado con toda consideración. El cabildo catedralicio, que quería honrarle, deseaba que visitase su magnífico templo. El Arzobispo se lo comunicó a Don Boco y le acompañó hacia
las diez de la mañana. Tales honras no suele tributarlas el cabildo más que con ocasión de la visita de un Cardenal. Al entrar Don Bosco todos se levantaron y salieron rindiéndole mil agasajos. Le hicieron sentar en medio de ellos, le leyeron unas composiciones, en prosa y en verso, en latín y en italiano alguien tocó magistralmente el piano y después se leyeron otras composiciones. |
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Mientras salía de la catedral, se encontró con la marquesa
Gerini, quien sin más le preguntó: |
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