Las
lecciones de Marianfeld Los jóvenes han sido los protagonistas. En ellos pensaba Juan Pablo II y en ellos ha pensado Benedicto XVI. Ellos nuevamente han recogido el testigo que se les ha entregado. Son, sin duda, una juventud que hace gala sin pudor alguno de su fe. Han vivido estos días de la misma forma que lo hacen habitualmente, desenfadados,
espontáneos, llenando de esperanza a una sociedad que la pierde poco a
poco y de paso animándonos a los adultos a darles testimonio de nuestra
fe. Unos jóvenes que son ya presente gozoso de la Iglesia, y no sólo
el futuro de la misma. En tiempos donde triunfa lo relativo, alguien debería analizar por qué se convoca a un millón de jóvenes con un mensaje claro, comprometido y exigente. |
|
El Papa les habló del poder del amor, del reino de Dios, y, de la misma forma que lo hicieron los Reyes Magos, invita a los jóvenes a preguntarse: ¿cómo puedo servir a que Dios esté presente en el mundo? Les propone a los santos como personas que nos demuestran cómo ser cristianos y nos expresa claramente que sólo de Dios proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo. Hemos recordado esa expresión tan citada últimamente de que «otro mundo es posible» y sabemos que sólo desde Dios podemos hacerlo y hacemos presente la invitación a ser centinelas de la mañana. |
|
boletinsalesiano.info |