Eucaristía:
Consagración, transformación La novedad que se verificó en la Última Cena estaba en la nueva profundidad de la antigua oración de bendición de Israel, que ahora se hacía palabra de transformación y nos concedía el poder participar en la hora de Cristo. Jesús no nos ha encargado la tarea de repetir la Cena pascual que, por otra parte, en cuanto aniversario, no es repetible a voluntad. Nos ha dado la tarea de entrar en su «hora». Entramos en ella mediante la palabra del poder sagrado de la consagración, una transformación que se realiza mediante la oración de alabanza, que nos sitúa en continuidad con Israel y con toda la historia de la salvación, y al mismo tiempo nos concede la novedad hacia la cual aquella oración tendía por su íntima naturaleza. |
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Esta oración, llamada por la Iglesia «oración eucarística»,
hace presente la Eucaristía. Es palabra de poder, que transforma
los dones de la tierra de modo totalmente nuevo en la donación de
Dios mismo y que nos compromete en este proceso de transformación.
Por esto llamamos a este acontecimiento Eucaristía, que es la traducción
de la palabra hebrea beracha, agradecimiento, alabanza, bendición,
y asimismo transformación a partir del Señor: presencia de
su «hora». La hora de Jesús es la hora en la cual vence
el amor. En otras palabras: es Dios quien ha vencido, porque Él
es Amor. La hora de Jesús quiere llegar a ser nuestra hora y lo
será, si nosotros, mediante la celebración de la Eucaristía,
nos dejamos arrastrar por aquel proceso de transformaciones que el Señor
pretende. La Eucaristía debe llegar a ser el centro de nuestra vida. |
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