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años del Concilio: Justamente
la cultura fue el medio a través del cual el cristianismo se ha
expresado a lo largo de la historia. Los cristianos no tardaron en rebatir ya sea los argumentos ya sea las calumnias divulgadas en contra de ellos. Aparecieron así los ‘apologetas’, cuya misión consistía en manifestar la verdad del cristianismo, la fuerza de la fe y el heroísmo de su caridad. Si en un primer momento el objetivo fundamental fue la defensa de la religión, pronto se pasó al ataque echando en cara al Estado lo injusto y lo absurdo de las persecuciones. |
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La actividad apologética culmina, probablemente, en la obra de Tertuliano. Hombre de temple luchador, escritor extraordinariamente dotado y orador de grande eficacia, no sólo rebatió las acusaciones lanzadas contra el cristianismo, sino que llegó a demostrar que son cabalmente los cristianos los «buenos»: su religión responde plenamente a las disposiciones y aspiraciones más profundas del alma humana. Retorció las argumentaciones opuestas hasta demostrar que el paganismo fue realmente inicuo. Filón de Alejandría, S. Justino, Orígenes y el mismo S. Agustín fueron apologetas prestigiosos: presentaron el cristianismo como la religión del monoteísmo, de la moralidad, de la victoria sobre el mal, de la libertad de conciencia, y realizaron la primera síntesis doctrinal de la teología católica, poniendo de relieve lo conocibles que son fundamentalmente las verdades de nuestra fe. Una
gran tradición Enorme ha sido el aporte dado a la ciencia, a la literatura, a la cultura en general por algunas órdenes y congregaciones religiosas: jesuitas, franciscanos, carmelitas. Alberto Magno, Tomás de Aquino, Copérnico eran dominicos. Más cercano a nuestros días podríamos citar a S. Francisco de Sales, famoso por el humanismo que brota de sus escritos de doctrina espiritual. El 11 de octubre de 1988 Juan Pablo II canonizó a S. Teresa Benedicta de la Cruz - Edith Stein - y en 1999 la proclamó doctora y copatrona de Europa. La filosofía de esta hebrea convertida al catolicismo, monja carmelita y mártir del nazismo, representa en nuestros días un testimonio y un ejemplo de diálogo entre fe y cultura. Iglesia y cultura Como cristianos debemos ser los primeros en poner nuestros talentos al servicio del desarrollo de los pueblos. La construcción de una humanidad más justa o de una comunidad internacional más unida no constituyen un sueño o un ideal nebuloso: son un imperativo moral, un deber sagrado que el genio intelectual y espiritual del hombre puede enfrentar. El camino cultural del hombre es el camino de salvación escogido por Dios. Por eso la Iglesia, instrumento de Dios para la salvación, aprecia la cultura, y promueve el diálogo fe-cultura. Los doctores de la Iglesia probablemente son los más claros exponentes de esta voluntad. Pascual Chávez Villanueva |
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